A las 12:00 de la noche cesó la campaña electoral
Por Redacción
SANTO DOMINGO.-
Desde las primeras horas de la madrugada de este jueves 15 de febrero de 2024, el telón de la democracia ha sido momentáneamente cerrado en nuestro país. La voz del pueblo, que debería resonar en cada esquina y recodo de la nación, se ve silenciada temporalmente por una restricción impuesta por la Junta Central Electoral (JCE).
A partir de las 12:00 a.m., queda prohibido cualquier acto de proselitismo político. Ya sea en locales abiertos o cerrados, las discusiones acaloradas sobre el futuro de la nación quedan suspendidas. Las calles, que suelen ser el escenario donde se dirimen los destinos políticos, se ven desprovistas de la agitación propia de la contienda electoral. Es como si la esencia misma de la democracia, ese diálogo constante entre ciudadanos y candidatos, fuera temporalmente apagada.
La JCE ha decretado que ni siquiera los medios de comunicación podrán ser portavoces de las diferentes propuestas y aspiraciones políticas. No habrá propaganda electoral en periódicos, radio, televisión, ni siquiera en los carteles que suelen poblar nuestras avenidas. El grito de los candidatos, que buscan persuadir a la ciudadanía con sus palabras, queda mudo, relegado a la espera de un nuevo amanecer político.
La justificación de esta medida se encuentra en la Ley Electoral, pero más allá de la legalidad técnica, cabe cuestionarnos sobre el impacto que tiene en la esfera pública. ¿Es acaso el silencio la mejor manera de asegurar la transparencia y equidad en los procesos electorales? ¿O acaso es un manto que oculta posibles manipulaciones o malas prácticas?
En un momento en el que la confianza en las instituciones democráticas se encuentra en entredicho, medidas como esta podrían generar más escepticismo que certeza. La transparencia no se construye con el silencio, sino con la apertura, la participación y el escrutinio público constante.
Es comprensible que se busque garantizar la equidad entre los contendientes y evitar cualquier forma de coacción o manipulación durante el proceso electoral. Sin embargo, es fundamental encontrar un equilibrio entre la regulación necesaria y la preservación de los espacios de debate y discusión política.
La democracia no puede ser una cápsula hermética que se abre únicamente en momentos puntuales. Debe ser un flujo constante de ideas, opiniones y aspiraciones. Es en la diversidad de voces donde reside su verdadera fuerza y legitimidad.
Por tanto, mientras esta restricción temporal esté vigente, es crucial que los ciudadanos no olvidemos nuestra responsabilidad en la construcción y preservación de la democracia. Aunque el proselitismo político se encuentre momentáneamente prohibido, nuestras voces no deben callar. Es momento de seguir debatiendo, reflexionando y exigiendo transparencia, incluso en el silencio impuesto por las circunstancias.

