Opinión

China en el nuevo orden mundial: ¿actor dominante o poder compartido?

 

Por Juan José Encarnación

SANTO DOMINGO, RD.-

Recientemente, se ha intensificado el debate sobre el papel de China en el nuevo orden mundial. Ya no se trata de una especulación académica, sino de una realidad palpable en la geopolítica, la economía y la tecnología global. La pregunta que muchos se hacen hoy es clara y directa: ¿China presidirá el nuevo orden mundial?

Para responderla, primero hay que reconocer una verdad insoslayable: China ya no es una potencia emergente. Es una superpotencia consolidada. Con la segunda economía más grande del mundo, una expansión tecnológica acelerada y una diplomacia cada vez más activa, China ha desplazado paradigmas que durante décadas fueron liderados por Occidente.

En el plano económico, su iniciativa de la Franja y la Ruta ha creado una red de influencias que abarca desde Asia Central hasta África y América Latina. Mientras muchos países enfrentan crisis de deuda, China ofrece préstamos, infraestructura y cooperación técnica, no sin controversias, pero sí con una influencia creciente.

En el terreno geopolítico, China se ha mostrado como un actor que ya no se limita a observar; interviene, propone, negocia y —cuando le conviene— confronta. Su relación con Estados Unidos, aunque marcada por tensiones comerciales y disputas por Taiwán, evidencia que el mundo ha dejado de ser unipolar.

¿Y en lo militar? Su modernización armamentista, su creciente presencia en el mar del sur de China y sus alianzas estratégicas, especialmente con Rusia e Irán, muestran que también busca posicionarse como garante de su propia seguridad, en sus propios términos.

A esta realidad se suma un fenómeno de creciente importancia: los BRICS. Formalmente compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, este bloque ha evolucionado con la incorporación de nuevos países, y se le ha comenzado a denominar informalmente BRICS+. Se trata de una asociación, grupo y foro político y económico internacional de países emergentes, que se ha constituido en un espacio internacional alternativo al G7, el cual está integrado por países desarrollados.

En términos generales, los BRICS+ representan una alianza económico-comercial de naciones que, desde la década de los 2000, muestran un gran potencial de desarrollo. Las iniciales del nombre provienen de los cinco primeros Estados miembros plenos. Hoy, muchos analistas consideran que este bloque se convertirá en una nueva OTAN, pero con una orientación multilateral, basada en intereses compartidos de los países del sur global.

Este nuevo eje de poder representa un desafío directo al viejo orden occidental, no desde la confrontación directa, sino desde la construcción de un modelo económico y político paralelo, alternativo y cada vez más atractivo para muchas naciones.

No obstante, presidir el nuevo orden mundial implica más que poder económico o influencia regional. Requiere liderazgo moral, aceptación global y capacidad de convocar consenso. Y en ese terreno, China aún enfrenta desafíos: críticas por su manejo de los derechos humanos, su falta de transparencia, y su modelo político autoritario limitan su capacidad de ejercer un liderazgo planetario al estilo occidental.

Pero el mundo ha cambiado. Ya no se construye un solo centro de poder. El futuro parece orientarse hacia una multipolaridad, donde China tendrá un papel protagónico, pero no exclusivo. Es probable que no presida solo el nuevo orden, pero sí lo moldee, lo influya y lo condicione fuertemente.

Finalmente, China no liderará el nuevo orden mundial como único rector, pero nadie podrá construir ese orden sin contar con ella. Y con los BRICS+ creciendo en cohesión y ambición, el tablero global se está redibujando ante nuestros ojos.

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