¡Cuba al borde del colapso energético! EEUU aprieta el bloqueo, corta el petróleo venezolano y la habana activa plan de emergencia “opción cero”
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Desde hace décadas, Estados Unidos mantiene un bloqueo económico contra Cuba, iniciado tras el cambio de régimen en la isla en 1959, con el objetivo declarado de presionar al gobierno socialista de La Habana y promover un cambio político. Este conjunto de medidas ha limitado el comercio, las transacciones financieras y la cooperación internacional del país caribeño, y ha sido un punto constante de tensión entre Washington y La Habana.
Durante los últimos años, Cuba mantuvo un acuerdo de cooperación comercial y energético con Venezuela, en el que este país sudamericano le suministraba gran parte del petróleo que la isla necesitaba para su economía. Esa relación fue considerada clave para la supervivencia del modelo cubano, en especial por la dependencia de la isla de combustibles importados para generar energía, mover el transporte y sostener la producción industrial.
Sin embargo, tras la operación militar estadounidense del pasado 3 de enero, en la que las fuerzas de EE.UU. capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro, el suministro de petróleo venezolano hacia Cuba se interrumpió. Esta acción no solo afectó la estabilidad política en Caracas, sino que también produjo un fuerte impacto económico en La Habana, al cerrar la llave de uno de sus principales proveedores energéticos.
La administración estadounidense no solo reforzó su bloqueo tradicional contra Cuba, sino que aclaró que no permitirá más envíos de petróleo venezolano a la isla, una medida que Washington afirma que dejará “contados los días” al régimen cubano si no cambia su política interna y externa. Este recrudecimiento del bloqueo ha exacerbado las dificultades energéticas de Cuba y ha intensificado la presión económica.
Ante la previsión de un “desabastecimiento agudo de combustible”, el Gobierno cubano ha puesto en marcha un plan de emergencia inspirado en la denominada “opción cero”, un término que remite a estrategias de la década de 1990 cuando la isla enfrentó el llamado Periodo Especial tras la caída de la Unión Soviética. La “opción cero” contempla medidas extremas como fuertes racionamientos, reducción de servicios y cambios en modos de transporte, con el objetivo de sobrevivir ante la ausencia total de combustibles importados.
En este contexto, las autoridades cubanas han anunciado medidas de racionamiento de combustibles y ajustes en servicios públicos esenciales, así como restricciones para garantizar que la escasa energía disponible llegue primero a actividades productivas prioritarias. El plan de emergencia también busca minimizar los efectos sobre la población, aunque ha obligado al cierre parcial de infraestructura turística y a reorganizar el funcionamiento de sectores claves de la economía.
La crisis energética actual ha generado debates sobre la viabilidad del modelo político en Cuba y ha reabierto la posibilidad de diálogo con Estados Unidos. El gobierno cubano ha expresado su disposición a conversar con Washington “sin presiones”, argumentando que busca soluciones que respeten su soberanía, aunque persisten grandes diferencias entre las partes y una situación interna cada vez más compleja.

