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Diplomacia y respeto mutuo la vía política como único camino hacia la paz duradera

 

Por Juan José Encarnación Soto

SANTO DOMINGO, RD.-

Las relaciones multilaterales internacionales deben desarrollarse siempre en el marco del respeto mutuo, como base esencial para preservar la armonía entre los pueblos y garantizar la estabilidad global. Cuando las naciones actúan con prudencia diplomática y reconocen la soberanía de los demás Estados, se fortalece la cooperación y se reducen los riesgos de confrontaciones innecesarias. La historia demuestra que el diálogo constante es el camino más efectivo para resolver diferencias profundas.

En ese contexto, cobran relevancia las palabras del exministro israelí Shimon Peres, quien en diversas ocasiones defendió la vía política como instrumento para alcanzar acuerdos duraderos. Su visión se sustentaba en la convicción de que la violencia no destruye las ideas ni elimina las causas de los conflictos, sino que muchas veces las profundiza. Para él, la diplomacia debía prevalecer incluso en los momentos más tensos.

Una de sus expresiones más recordadas surgió cuando fue consultado sobre la posibilidad de eliminar físicamente al líder palestino Yasser Arafat. En esa ocasión afirmó que “los símbolos no se matan”, subrayando que las figuras políticas representan aspiraciones colectivas que trascienden a la persona. El planteamiento dejaba claro que las soluciones militares no sustituyen la necesidad de negociaciones políticas serias y responsables.

Esa reflexión marcó un precedente importante en el debate internacional sobre la resolución de conflictos en el Medio Oriente. La experiencia demuestra que los acuerdos sostenibles solo pueden construirse mediante conversaciones francas, reconocimiento mutuo y voluntad de compromiso. Las acciones unilaterales o impulsadas por la fuerza suelen generar nuevas heridas que dificultan la reconciliación futura.

El respeto entre Estados no implica renunciar a posiciones firmes, sino comprender que la estabilidad regional depende de mecanismos diplomáticos que permitan encontrar puntos de convergencia. Las alianzas multilaterales, los organismos internacionales y las mesas de diálogo existen precisamente para canalizar tensiones y evitar que escalen hacia escenarios de mayor gravedad.

En definitiva, la lección que deja esta postura es clara: la paz no se impone, se construye. Los líderes del mundo están llamados a privilegiar la negociación y el entendimiento por encima de la confrontación. Solo así podrá mantenerse la armonía entre los pueblos y garantizarse un futuro donde las diferencias se resuelvan con palabras y no con armas.

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