¿Dónde están los papeles de la venta de la logia Luz del Día?
Por Juan Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Hace seis décadas, los odfelos caminaban con pasos firmes por la senda de la transparencia y la rectitud. No había espacio para el misterio ni para los dobles discursos, era forma de vida que todos querían imitar.
En el año 1966, la logia “Luz del Día” fue adquirida por la suma exacta de 1,285 pesos con 80 centavos, y aquel terreno medía 293 metros cuadrados. Todo quedó registrado con claridad: Y ahí están los papeles: el contrato firmado, los detalles de la operación, los nombres de los involucrados, y hasta los sellos bien puestos.
Todo claro, todo limpio, todo bajo la claridad del comportamiento de un odfélo, hoy, en el presente, se ha vendido esa misma logia. Pero lo que antes fue una transacción transparente, hoy se ha convertido en una operación envuelta en sombras y secretismo.
Se dice, porque nada se ha publicado de manera oficial, que la venta se hizo por 10 millones de pesos. Pero nadie ha mostrado el contrato. Nadie ha explicado en qué condiciones se realizó la venta. Solo se murmura que hay 7 millones depositados a plazo fijo en un banco nacional… ¿Y los otros 3 millones? Ahí comienza la bola de nieve.
Una bola de nieve que crece y crece, alimentada por el silencio cómplice, por el miedo a mostrar la verdad y por la falta de responsabilidad de quienes debieron rendir cuentas. Porque mientras más se oculta, más se sospecha. Y el festival de ventas de logias continúa, sin control, sin vigilancia, sin apego al legado de nuestros fundadores.
Este no es un ataque, es un llamado, un clamor a la conciencia odfélica.
¿Dónde está el contrato de venta de la logia Luz del Día? ¿Quién lo firmó? ¿Cómo se distribuyó el dinero? ¿Qué banco tiene el plazo fijo? ¿Por qué no se ha presentado un informe financiero a los hermanos?
Si quienes manejaron esta operación no tienen nada que ocultar, entonces que hablen, que muestren los papeles, que den la cara. Porque si no lo hacen, lo único que crecerá en esta Orden será la desconfianza, la desunión y el descrédito. Y no podremos llamarnos, con justicia, herederos de la amistad, el amor y la verdad.




