El declive del periodismo: “Entre la época de ayer y la actualidad”
Por Roberto Veras,
SANTO DOMINGO ESTE.-
En la era dorada del periodismo de nuestro municipio SDE, las trincheras eran ideológicas, donde se libraba una batalla de ideas y se forjaba el acero de la comunicación. Recuerdo con nostalgia los días en que las discrepancias no se traducían en ataques personales, sino en debates respetuosos sobre la verdad y la interpretación de los hechos.
Uno de mis más notables desacuerdos fue con el ya fallecido maestro de la comunicación, Robert Vargas. Aunque nuestras opiniones chocaban con frecuencia, nunca perdimos de vista la esencia de la camaradería y el respeto, pues decíamos lo que les convenía al municipio.
Hoy, lamento observar cómo el periodismo ha perdido su brújula moral, cayendo en un abismo de confrontaciones personales y noticias falsas. La verdad, ese pilar fundamental sobre el que se erigía la credibilidad periodística, se ve ahora eclipsada por agendas personales y la desinformación deliberada.
Con Robert, nuestras diferencias eran como colisiones de mareas, siempre marcadas por la ética periodística. Jamás permitimos que la confrontación se desviara hacia lo personal; éramos adversarios en la arena de las ideas, pero amigos fuera de ella. Hoy, parece que la discrepancia se traduce automáticamente en un ataque frontal a la integridad del otro, desgarrando los cimientos del respeto y la colaboración.
En la actualidad, las discrepancias se resuelven en el campo de batalla de lo personal, con las redes sociales como el terreno más fértil para el combate. Se han abandonado las reglas del juego justo, dando paso a la difamación y a la difusión de noticias falsas como estrategia para socavar la credibilidad del oponente. La verdad, antes sagrada, ha sido relegada a un segundo plano, eclipsada por la necesidad de imponer una narrativa particular.
El primer deber de un periodista es contar la verdad, sin sesgo ni manipulación. La credibilidad, un activo invaluable, se construye sobre la base de hechos verificables y análisis imparciales. Hoy, la confianza del público en los medios de comunicación está en juego, amenazada por la sombra oscura de la desinformación.
Es hora de reflexionar sobre el camino que hemos tomado. Debemos recordar que el periodismo no es solo un oficio, sino una responsabilidad con la sociedad. Regresemos a la época en que las ideas se enfrentaban con respeto y donde la verdad prevalecía sobre la agenda personal. Solo así podremos restaurar la confianza perdida y preservar la integridad del periodismo para las generaciones venideras.

