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El peligro de las protestas malintencionadas: protejamos el turismo y la democracia”

Por Juan José Encarnación

Abogado y politólogo

SANTO DOMINGO, RD.-

En los últimos tiempos, hemos sido testigos de diversas jornadas patrióticas realizadas por ciudadanos dominicanos que expresan su preocupación ante la creciente presencia de indocumentados en el país. Estas manifestaciones surgen en zonas donde las leyes parecen no aplicarse con el mismo rigor y donde muchos dominicanos sienten que se vulneran sus derechos.

Hasta aquí, podemos estar de acuerdo en que la soberanía debe ser protegida y que el orden legal debe prevalecer en todo el territorio nacional. Sin embargo, donde marcamos una línea clara de desacuerdo es en la infiltración de individuos pagados con el evidente propósito de desestabilizar y afectar uno de los pilares fundamentales de la economía nacional: el turismo.

Es innegable que el turismo representa una de las principales fuentes de ingresos para la República Dominicana. Gracias a esta industria, miles de ciudadanos encuentran empleo y progreso en diversas áreas, desde la hotelería hasta el comercio.

Sabotear este sector equivale a atentar contra el bienestar del país entero. Lamentablemente, hay quienes se han infiltrado en estas manifestaciones con intenciones ocultas, generando caos y proyecciones negativas en los medios internacionales.

Las autoridades deben actuar con firmeza y evitar que estas protestas, que en su raíz pueden tener un sentido legítimo, se conviertan en un arma para dañar la imagen de la nación ante el mundo.

No podemos permitir que se juegue con el sustento de miles de familias que dependen del turismo. Hay espacios y vías adecuadas para la defensa de los intereses nacionales sin poner en riesgo la estabilidad económica y social del país.

Si continuamos por este camino de protestas descontroladas, donde el verdadero propósito se tergiversa, no solo derrumbaremos el turismo, sino que debilitaremos la economía y pondremos en peligro la democracia misma.

Una nación que no protege su estabilidad económica está condenada a la incertidumbre y al retroceso. La defensa de la soberanía debe ir de la mano con la prudencia y la responsabilidad, sin comprometer el futuro de la nación.

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