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El verdadero papel del concejal: más allá del asiento en el cabildo

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Muchas veces, cuando hablamos de la figura del concejal, solemos quedarnos en la imagen superficial de alguien que ocupa una curul en la sala capitular y asiste a reuniones para levantar la mano a favor o en contra de proyectos. Sin embargo, la realidad y la ley establecen, que sus funciones son mucho más profundas y esenciales para el desarrollo de nuestras comunidades.

Las responsabilidades principales de un concejal giran en torno a tres grandes pilares: fiscalizar, normar y resolver. Esto significa que no solo deben participar en la creación de ordenanzas y reglamentos locales, sino también vigilar que se cumplan de manera correcta, transparente y orientada al bien común.

Esta tarea implica levantar la voz cuando algo se desvía del interés colectivo, cuestionar, exigir explicaciones y, sobre todo, garantizar que cada centavo del presupuesto municipal se utilice de manera responsable.

Según la Ley 176-07, que rige el Distrito Nacional y los municipios, los concejales no están ahí para aplaudir ni para quedarse callados ante las irregularidades. Su verdadera misión es servir de contrapeso a la administración municipal, actuar como veedores permanentes y proteger el patrimonio común que pertenece a todos los ciudadanos.

Pero el rol del concejal no termina ahí. Dentro del cabildo, muchos se especializan como «concejales de área o de comisión», encargándose de temas tan diversos como la educación, la cultura, la salud, el transporte, la economía local, las finanzas municipales, los parques, las obras públicas o el urbanismo.

Esta especialización les permite conocer a fondo las problemáticas que afectan a cada sector y proponer soluciones más acertadas, siempre basadas en la realidad del municipio que representan.

Promover el desarrollo local no es tarea fácil. Requiere conocimiento, compromiso, contacto directo con las comunidades y, sobre todo, voluntad política para no convertirse en cómplices del silencio.

Cada decisión que toma un concejal repercute de forma directa en la calidad de vida de miles de ciudadanos: desde el estado de las calles, la recolección de la basura, hasta la seguridad en los barrios y la transparencia en el uso de los recursos.

Por eso, más que un simple cargo, ser concejal implica una gran responsabilidad institucional, ética y moral. Una responsabilidad que debe ejercerse con valentía, defendiendo siempre los intereses del pueblo, aunque eso implique enfrentarse a quienes prefieren que todo siga igual.

En resumen, los concejales están llamados a ser mucho más que testigos: deben ser guardianes del bienestar colectivo y promotores activos del desarrollo municipal, tal como lo exige la ley y como lo espera la ciudadanía que los eligió.

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