Familiares de presos políticos mantienen vigilia frente a la Zona 7 de la PNB en Boleíta
Caracas, Venezuela. — Mientras la ciudad de Caracas comenzaba a retomar su ritmo cotidiano tras los días de silencio, tensión e incertidumbre que siguieron a los recientes acontecimientos políticos nacionales, el tiempo parecía transcurrir con lentitud en los alrededores de la Zona 7 de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), ubicada en la urbanización Boleíta, al este de la capital.
A escasos metros del centro de reclusión, conocido popularmente como “El Inframundo” o “La Llorona”, familiares de presos políticos permanecían concentrados este martes a la espera de noticias que confirmen la posible liberación de sus allegados. Muchos de ellos llegaron desde tempranas horas de la mañana y se mantuvieron en el lugar con la esperanza de recibir información oficial sobre el estatus de los detenidos.
Los parientes denunciaron la falta de comunicación por parte de las autoridades, así como la imposibilidad de entregar alimentos, medicamentos o ropa a los reclusos, lo que incrementa la angustia ante el desconocimiento de sus condiciones de salud y de reclusión. La espera se ha prolongado durante varios días, en medio de versiones no confirmadas sobre eventuales excarcelaciones.
La Zona 7 de la PNB ha sido señalada en reiteradas ocasiones por organizaciones defensoras de los derechos humanos como un centro de detención con condiciones precarias, donde el hacinamiento y la carencia de servicios básicos representan una preocupación constante para familiares y activistas.
Algunos de los presentes indicaron que continuarán en vigilia hasta obtener respuestas claras por parte de las autoridades competentes, insistiendo en que la liberación de los presos políticos sería un paso necesario para avanzar hacia un clima de mayor tranquilidad y reconciliación nacional.
La situación sigue siendo observada con atención por sectores de la sociedad civil, mientras crece la expectativa de que se produzcan decisiones oficiales que permitan aliviar la incertidumbre que rodea a decenas de familias venezolanas.

