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(III de X) “La Independencia de Haití: Dessalines, la masacre de los blancos y el error económico que marcó su destino”

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Un siglo después de la firma del Tratado de Basilea en 1795, el panorama de la parte occidental de la isla de La Española había cambiado radicalmente. La colonia francesa, Saint-Domingue, había sido transformada en un hervidero social y político donde los esclavos africanos y sus descendientes, que representaban la inmensa mayoría de la población, se multiplicaron demográficamente y se convirtieron en la fuerza determinante en los acontecimientos históricos que siguieron.

El sistema de plantaciones impuesto por los franceses atrajo a cientos de miles de esclavos desde África, lo que creó una sociedad profundamente desigual. Los colonos blancos eran una minoría frente a la población esclava. Esta desproporción, unida a las condiciones inhumanas de trabajo, la discriminación y la represión, incubó la revolución que estalló a finales del siglo XVIII.

Tras la Revolución Francesa de 1789, los ecos de libertad e igualdad llegaron hasta las colonias, aunque de forma contradictoria. Los esclavos aprovecharon ese contexto para levantarse en armas en 1791, dando inicio a la Revolución Haitiana, el proceso emancipador más importante del Caribe y el más radical de su tiempo.

Luego de años de combates sangrientos y de resistir los intentos de reconquista por parte de Francia, el 1 de enero de 1804, Jean-Jacques Dessalines proclamó la independencia de Haití. En nombre del pueblo haitiano, declaró la creación de la primera república libre dirigida por antiguos esclavos, marcando un antes y un después en la historia universal.

Dessalines, convertido en el nuevo líder bajo la constitución de 1805, asumió un gobierno de corte dictatorial. Consideraba que la independencia debía asegurarse a toda costa, sin dar cabida a la presencia de los antiguos colonos. Esta visión lo llevó a tomar medidas extremas que marcaron profundamente la historia del naciente Estado haitiano.

Entre esas medidas se encuentra la masacre de los blancos que quedaban en la isla. Dessalines temía que los colonos pudieran convertirse en un factor de desestabilización o en agentes de una posible reconquista francesa. Bajo esa lógica, ordenó la eliminación sistemática de los europeos sobrevivientes, un hecho que aún hoy se debate desde perspectivas políticas, sociales y éticas.

Para garantizar que Francia no volviera a interesarse en recuperar Haití, Dessalines adoptó otra decisión radical: la quema de las plantaciones. Con esta medida, buscaba destruir la base económica que había hecho de Saint-Domingue la colonia más rica del mundo. Al arrasar con los ingenios y cultivos, eliminaba la tentación para cualquier potencia extranjera de intentar reocupar el territorio.

Sin embargo, esta decisión resultó ser un error histórico de grandes dimensiones. La economía haitiana, sustentada en la producción agrícola de exportación, quedó devastada. Al destruir las plantaciones, Haití perdió la posibilidad de reconstruir el modelo económico que había sostenido su riqueza durante el periodo colonial.

El nuevo Estado, aunque libre e independiente, nació con una estructura económica débil. Las tierras se fragmentaron y se destinaron principalmente a la subsistencia, reduciendo la capacidad de generar excedentes para el comercio

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