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Juan José Encarnación: La voz testigo de  grandes acontecimientos políticos de la nación.

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Tu mejor amigo, en algún momento, puede convertirse en tu peor enemigo, y tu peor enemigo puede ser tu mejor amigo. Esta es una lección que la historia política dominicana ha demostrado una y otra vez, y pocos lo han vivido con tanta intensidad como Juan José Encarnación.

Corría marzo de 1993, cuando a las 9 de la mañana sonó el teléfono de Encarnación. Al otro lado de la línea, con su tono peculiar, Jacobo Majluta le dijo: «Vístete, que vamos a una reunión». Sin dar muchas explicaciones, lo llevó al Palacio Nacional.

Allí, en el corazón del poder, se encontraron con el presidente Joaquín Balaguer. Al ver a Juan José, Balaguer lo saludó y comentó: «Qué bella voz para el programa del PRSC». A lo que Encarnación respondió con firmeza: «Esa voz es de Tribuna Democrática, un programa que era de Peña Gómez».

Ese detalle, que a otros pudo parecer menor, demuestra la fidelidad de Encarnación a sus principios y a sus convicciones, incluso frente al mismo Balaguer.

Pero la historia no termina ahí. Años después, cuando el líder del PRD, el doctor José Francisco Peña Gómez, sufrió una recaída en la barbería donde solía recortarse el cabello, fue Encarnación quien, sin pensarlo dos veces, lo llevó de inmediato a una clínica. El médico fue categórico: si se hubiesen tardado 15 minutos más, la historia de Peña habría sido otra.

Un momento particularmente emotivo ocurrió cuando, tras recuperar el conocimiento, Peña Gómez vio el rostro de Balaguer a su lado. Se le salieron las lágrimas. Luego, en la intimidad de la recuperación, le pidió a Encarnación que no tocara a Balaguer en su programa, un gesto de humanidad, reconciliación y comprensión del peso de la historia.

Estas vivencias muestran que la política no es solo lucha, confrontación y poder, sino también gestos humanos, lealtades inesperadas, y encuentros que desafían la lógica del odio.

Por eso afirmamos que Juan José Encarnación no es solo un comunicador con una voz privilegiada: es un testigo de hechos históricos trascendentales para la democracia dominicana. Y en estos tiempos donde muchos narran desde el rumor o la conveniencia, contar con una voz que ha estado allí, frente a frente con los protagonistas, es un privilegio que debemos valorar.

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