La Cruz de Mendoza en SDE y la memoria olvidada
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En el cruce antiguo donde la carretera Mella se curva hacia Mandinga, hay un susurro de hierro que pocos oyen. Se alza modesta, entre el bullicio y el antiguo polvo, la Cruz de Mendoza, testigo mudo de lo que fuimos y apenas recordamos. No tiene mármol ni luces, pero tiene historia. Tiene alma.
Allí, en tiempos idos, se detenían los cortejos fúnebres que salían hacia Los Mina, y ante esa cruz, la muerte se encontraba con la dignidad. Era un altar al silencio, un punto sagrado donde las lágrimas se mezclaban con la brisa y los rezos se volvían aire. No era solo una parada en el camino al cementerio viejo; era el último adiós que la comunidad ofrecía a sus muertos.
Pero esa cruz era también celebración. Cada 3 de mayo fecha consagrada por generaciones a la Fiesta de la Cruz de Mayo los vecinos se reunían con flores, con velas, con cantos. Era la única cruz capitalina de evocación conocida, y en ella se encendía algo más que velones: se encendía la memoria. Los viejos sabían que en esa cruz se cruzaban las almas, el tiempo y la fe.
Hoy, esa cruz apenas se nota. La han cercado las prisas, los motores sin pausa, los mapas sin alma. Pero aún resiste. No pide nada, solo que la recordemos. Porque cuando un pueblo olvida su cruz, también olvida sus raíces.
Esa estructura de hierro, oxidada por los años y por la indiferencia, no es un simple objeto. Es un poema clavado en la tierra, un símbolo de los pasos que dimos y de los que aún nos faltan por dar. Representa la espiritualidad mestiza que nos habita: mezcla de tambores africanos, de rosarios españoles, de silencios indígenas.
La Cruz de Mendoza no debería estar sola. Debería ser restaurada, protegida, reverenciada. Que se erija allí un pequeño altar de historia, que se cuente su relato en las escuelas, que se celebre su día como se celebran las raíces que sostienen el árbol.
Porque cuando la historia se encarna en una cruz, no es peso… es guía. Y en esa guía, tal vez, encontremos el camino de regreso a nosotros mismos.

