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La Funeraria Municipal de Los Mina y el peso de los intereses particulares sobre el bien colectivo

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE.-

En los albores del municipio Santo Domingo Este, se respiraba un aire de esperanza. La población veía con optimismo las promesas políticas que buscaban beneficiar a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Una de esas iniciativas fue la Funeraria Municipal de Los Mina, un proyecto que prometía dignidad en los momentos más difíciles para las familias de escasos recursos.

“Danilo Mesa, con razones bien fundamentadas, relata cómo el alcalde Juan de los Santos, en colaboración con la Lotería Nacional, entonces dirigida por Ramón Rivas, firmó un acuerdo interinstitucional”.

Dicho acuerdo incluía un aporte de 30 millones de pesos para la construcción de tres funerarias municipales. Todo parecía marchar bien, hasta que las decisiones relacionadas con el proyecto se toparon con un obstáculo recurrente en nuestra historia política: los intereses personales sobre el bien común.

Un ejemplo claro de esta problemática se encuentra en la búsqueda de los terrenos para edificar la funeraria. Un hombre conocido como Fellito poseía un terreno de aproximadamente 2,500 metros cuadrados, ubicado estratégicamente al lado del área planificada.

Este espacio, ideal para el propósito, fue negociado por el alcalde Juan de los Santos por 7.5 millones de pesos. Sin embargo, la adquisición requería la aprobación del Concejo de Regidores, y es aquí donde la historia toma un giro más oscuro.

El proyecto fue presentado a la Sala Capitular, y el presidente del Concejo designó una comisión para realizar el levantamiento respectivo. Pero, ¿saben qué hicieron los honorables? Convencieron al señor Fellito para que pidiera 10 millones de pesos, argumentando que ese era el presupuesto donado por la Lotería.

El plan detrás de esta maniobra era indignante: de esos 10 millones, 8 millones irían directamente a Fellito, y los 2 millones restantes se repartirían entre los regidores.

El autor de este artículo recuerda haber escuchado a Juancito decir con cierta frustración que los regidores de esa época “no se quitaban la sed de conseguir dinero”. Esta declaración, aunque simple, resume de manera contundente la realidad de los actores involucrados en este lamentable capítulo.

Esta descarada operación evidencia cómo los intereses personales y la codicia pueden corromper incluso los proyectos más nobles. Los recursos que debían destinarse a la construcción de un espacio digno para las familias en duelo terminaron siendo objeto de negociaciones ilícitas y reparto de beneficios privados.

Este episodio no solo refleja un grave atentado contra la ética, sino que también deja una profunda herida en la confianza ciudadana hacia sus autoridades. La Funeraria Municipal de Los Mina, símbolo de lo que pudo haber sido un gran logro para el municipio, debe recordarnos que la política no es un espacio para alimentar ambiciones individuales, sino una herramienta para servir al pueblo.

Los ciudadanos merecen transparencia y compromiso genuino. Si aspiramos a un Santo Domingo Este verdaderamente inclusivo y próspero, debemos exigir que las instituciones actúen con integridad y pongan el bien colectivo por encima de todo. La historia no debe repetirse.

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