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La importancia de la ética en la dirección de los departamentos de prensa

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO.-

Los propietarios de medios de comunicación digital deben ser sumamente cuidadosos al elegir quién dirige sus departamentos de prensa. Este rol no solo es técnico, sino profundamente humano, ya que afecta las relaciones internas y externas de los medios. Una mala decisión en este sentido puede comprometer no solo la imagen del medio, sino también las relaciones con sus colaboradores, quienes son parte esencial de su éxito.

Durante más de 25 años, he tenido el privilegio de colaborar con diversos medios de comunicación en Santo Domingo Este y el Distrito Nacional. Mi experiencia siempre ha estado marcada por el respeto y el trato cordial de parte de los equipos de redacción. Estas interacciones han sido una constante motivación para aportar con entusiasmo y compromiso.

Sin embargo, hace apenas unas horas, viví una experiencia inesperada que me dejó reflexionando sobre el estado actual de algunas salas de redacción. Tras concluir el programa CON PUNTO & COMA, acompañé a Miguel Ortega a la tercera planta del canal para saludar al propietario, un gesto que nace de una relación de afecto mutuo entre ellos. Para mi sorpresa, una simple palabra mía desencadenó un trato hostil y no merecido por parte de quien lidera el área de prensa.

No se trató de una discusión por principios, de una diferencia profesional o de un malentendido que pudiera resolverse con una conversación. Fue, simplemente, una actitud irrespetuosa e innecesaria que contrasta con los valores que deberían prevalecer en un medio de comunicación: el respeto, la empatía y la búsqueda de la verdad.

Este incidente, aunque aislado, refleja un problema que va más allá de un momento puntual. Es un llamado de atención a los propietarios de medios: la elección de los líderes de sus departamentos de prensa no debe basarse únicamente en capacidades técnicas, sino también en la calidad humana, la ética y la habilidad para gestionar relaciones con colaboradores y audiencia.

Un mal líder no solo afecta el ambiente interno de trabajo, sino que también puede erosionar las relaciones con los colaboradores que, como en mi caso, aportan su tiempo, conocimiento y esfuerzo de forma desinteresada. La falta de tacto y profesionalismo en este ámbito no solo mina el compromiso de los colaboradores, sino que pone en riesgo la credibilidad y la reputación del medio.

Como colaborador y defensor de los valores fundamentales del periodismo, hago un llamado a la reflexión. La grandeza de un medio no se mide solo por su alcance o sus cifras, sino por la manera en que trata a quienes le aportan valor y contribuyen a su misión. Es hora de recordar que el respeto no es una opción, sino un pilar esencial en cualquier organización que aspire a perdurar y ser respetada.

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