La justicia que ve, oye y habla… Según el bolsillo
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Desde niño siempre escuché decir que la justicia es ciega, sorda y muda, y que solo habla a través de sus sentencias. Con el tiempo, he comprendido que esa frase tiene matices que la realidad se ha encargado de evidenciar.
La justicia, que en teoría debería ser igual para todos, parece tener una venda selectiva. Es ciega para ver la miseria de los pobres, sorda para escuchar sus clamores y muda para defender sus derechos.
Sin embargo, cuando el acusado tiene recursos, influencias o apellidos con peso, la justicia abre bien los ojos, afina los oídos y encuentra una voz complaciente.
Si el techo de un humilde carrito de chimichurri se desploma y rasguña la piel de dos clientes, la respuesta del sistema es contundente: se le aplica todo el peso de la ley, incluyendo medidas de coerción ejemplares y un proceso acelerado.
En cambio, cuando cae el techo de un centro de diversión de gran renombre, como ocurrió con el caso del Jet Set, donde más de 200 personas perdieron la vida, el trato es muy diferente.
Los responsables, lejos de enfrentar la dureza de la ley, reciben atenciones especiales, medidas de coerción domiciliarias y, en muchos casos, un proceso dilatado que se pierde en los pasillos del olvido.
¿Es esa la justicia que nos enseñaron? ¿Es esa la balanza equilibrada que tanto se predica? ¿O es acaso un sistema que pesa a los imputados en balanzas distintas: una para los pobres y otra para los poderosos?
Saque usted sus propias conclusiones.

