La plaga que nos dejó sin pasto
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
El periodista Orlando Martínez, con su pluma aguda y su mirada crítica, tenía la costumbre de escribir en metáforas tan precisas como filosas. En sus textos, al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) lo llamaba “el buey que más jala”, haciendo alusión a su fuerza electoral y a su peso en la política nacional de entonces.
Sin embargo, la llegada del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó en 1973 agitó las aguas dentro del PRD, provocando una profunda división que transformó, para siempre, la forma de hacer política en el país. Fue entonces cuando el insigne profesor Juan Bosch, que había fundado el PRD y visto de cerca sus limitaciones, decidió tomar una decisión histórica: desgarrapatizar el viejo buey.
Como nos recuerda, con fina ironía, el militar Dido Ramírez: “Corría el año 1973, y al insigne profesor Bosch se le ocurrió desgarrapatizar un buey (PRD). Frente a la imposibilidad de lograrlo, prefirió adquirir otro buey (PLD). Pero, desafortunadamente, no advirtió la cercanía genética existente entre ambos bueyes, ni la cercanía geográfica entre las fincas.”
El error, en el fondo, no fue solo cambiar de buey, sino no prever que las garrapatas —esos políticos que viven prendidos del erario— eran inmunes a todo tipo de garrapaticida, entiéndase, a cualquier ley o sistema de control que se intentara implementar.
Lo más grave, como bien apunta Ramírez, vino después. Con la multiplicación de nuevos bueyes y partidos concebidos para la misma misión: alimentarse exclusivamente del presupuesto público, la plaga se extendió por todo el campo político dominicano. Hoy, esas garrapatas no solo succionan la sangre del viejo buey original o del nuevo buey que nació con la promesa de ser diferente; hoy infestan todas las fincas y han diezmado el porvenir de la nación.
¿Del moquillo de un gallo colorao? Peor aún: lo que padecemos es una epidemia de cinismo político, disfrazada de democracia, que ha hecho de la corrupción no un error del sistema, sino parte esencial del mismo.
Es hora de preguntarnos, como sociedad, si queremos seguir criando bueyes destinados a cargar el peso de las mismas garrapatas o si, por fin, tendremos el valor de limpiar el campo para sembrar algo que sirva al país, y no solo a los mismos de siempre.

