La sociedad dominicana y el desafío de la solidaridad en tiempos de crisis
Por Juan José Encarnación
Politólogo y comunicador.-
Vivimos en una época marcada por la ansiedad, el miedo y un sinfín de desafíos emocionales y sociales. Las enfermedades, las peleas, las traiciones y la falta de solidaridad se han convertido en el pan de cada día para muchas sociedades, incluida la República Dominicana.
Este panorama nos lleva a reflexionar: ¿cómo llegamos aquí? ¿Qué valores hemos perdido en el camino? En nuestro país, la solidaridad, una vez un pilar fundamental de nuestras comunidades, parece haberse debilitado ante el individualismo y el uso político de las necesidades de la gente.
Los líderes, en lugar de inspirar confianza y unidad, a menudo utilizan la desesperación del pueblo como herramienta para manipularlo. Esto no solo fomenta una cultura de desconfianza, sino que también perpetúa las desigualdades.
Es preocupante ver cómo los problemas emocionales y mentales se han disparado. La depresión, el pánico y otras afecciones parecen estar relacionadas con un sistema que, en lugar de apoyar a las personas, las somete a una presión constante. Es imposible mantener un equilibrio emocional cuando se vive en un entorno que induce estrés y desconfianza.
Además, debemos hablar de la carga económica que afecta a las familias dominicanas. Los impuestos, los aumentos en los costos de vida y la falta de oportunidades reales agravan la situación.
Por ejemplo, el peso que representa para una familia promedio pagar un 24% en impuestos directos e indirectos cada año es abrumador. Este tipo de sistema no fomenta el crecimiento, sino que limita las posibilidades de progreso.
Es urgente que revaloricemos la importancia de la solidaridad y el apoyo mutuo. No podemos seguir aceptando que la desconfianza y la desunión sean la norma. Es tiempo de apostar por una sociedad más justa, en la que todos tengamos oportunidades reales para prosperar y en la que nuestros líderes actúen con transparencia y compromiso genuino con el bienestar del pueblo.
La República Dominicana tiene el potencial de ser una nación modelo en solidaridad y progreso, pero para lograrlo debemos trabajar juntos, rescatar nuestros valores y exigir responsabilidad a quienes toman decisiones en nuestro nombre.

