“La voz del odfelo: filosofía, verdad y ley”
Por Juan Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En el camino constante de búsqueda por la verdad y la renovación de nuestros principios, sostuve una conversación con el hermano Jesús González, miembro emérito de la Gran Orden Unida de Odfelos. Con la serenidad que lo caracteriza y la firmeza de quien ha dedicado su vida al ideal odfélico, le hice dos preguntas esenciales:
¿Cómo define usted, como maestro, la filosofía odfélica? y ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestro sistema de vida?
Su respuesta fue clara, sin rodeos y profundamente reflexiva:
«La filosofía odfélica se fundamenta en la moral universal, la fraternidad y la filantropía, el respeto, la libertad de conciencia y la búsqueda de la verdad. Pero sobre todo, en la transformación del ser humano en sus buenas costumbres.»
Estas palabras, pronunciadas con el peso de la experiencia y la claridad de quien ha vivido los principios, nos recuerdan que la filosofía odfélica no es una doctrina de palabras vacías ni un decálogo para exhibir en actos solemnes. Es una práctica viva que debe reflejarse en nuestras acciones, en nuestras decisiones cotidianas y, más aún, en nuestra capacidad de corregir el rumbo cuando nos desviamos.
Cuando le pregunté qué podíamos hacer para fortalecerla, no titubeó:
«Aplicar la ley sin contemplación, caiga quien caiga, para recuperar el respeto. Y que el ejemplo comience desde los altos cuerpos con el cumplimiento de sus deberes y derechos.»
Estas declaraciones deben calar profundo en todos los que aún creen que la ley puede aplicarse selectivamente, o que los altos cuerpos están por encima del bien y del mal. Porque mientras no exista consecuencia para quienes fallan, mientras no se rompa el silencio cómplice, la filosofía odfélica seguirá siendo traicionada por aquellos que deberían defenderla.
Jesús González no solo nos recuerda qué es el odfelismo. Nos desafía. Nos convoca. Nos exige coherencia entre lo que proclamamos en nuestros templos y lo que hacemos en nuestras logias. Nos invita a volver al origen: a esa orden noble que nació para amparar a los necesitados, para servir con humildad y para practicar la amistad, el amor y la verdad.
Hoy, más que nunca, nuestras instituciones deben mirarse al espejo de la verdad. No hay transformación posible sin honestidad. No hay respeto sin justicia. Y no hay filosofía odfélica sin hombres y mujeres dispuestos a vivir lo que enseñan.
Hermanos, es momento de actuar con firmeza. Como dijo el maestro: apliquemos la ley sin contemplación, y que el ejemplo comience desde arriba. Solo así renacerá el respeto, y con él, el verdadero espíritu de la Gran Orden Unida de Odfelos.

