Las campañas de descrédito no son Oposición.
Por Fernando Buitrago
La estructura general de la democracia representativa crea grupos que se oponen entre sí y que tienen como objetivos la toma del poder. Unos ganan y otros, se oponen a los que mandan hasta que se realizan nuevas elecciones y en teoría, otros llegan mientras que otros van a la otra acera, a oponerse a ellos.
En Latinoamérica, donde aún es muy primitiva la política, arrastramos aún el espíritu guerrero como estandarte y no las ideas, por lo se hace común que quien quiere desplazar a alguien en el poder genera que ser contrario a un proyecto político es simplemente estar en contra de él hasta el punto de ni presentar alternativas, sino que la crítica se vuelve la bandera, los cañones y los extremos, incluso, lanzan campañas de descrédito del oponente para con ello, como si fuera por vasos comunicantes, los posibles votantes caigan en su parcela o les prefieran.
La campaña de descrédito puede estar sustentadas incluso en asuntos verdaderos, pero la forma es insana, inapropiada, falta de ética y quien falta a ello no tiene sanos objetivos.
La democracia es la lucha de ideas, de proyectos, ya sea de construcción de leyes o de ejecución de estas tomando el poder sea municipal o nacional y en un momento puede criticarse duramente al oponente o a una parte de su gobierno, pero de ahí a proceder a la creación de un guion que pretenda destruir moralmente a una persona, hay una diferencia marcada que habla muy mal del que se empeña en el demérito del oponente.
Hay campañas de descrédito del proyecto, del equipo político, del político o figura pública que a veces llega incluso a tocar a las familias y su vida personal.
Los tiempos cambian. La toma de conciencia ciudadana incluye el que el ciudadano termine identificando que es oposición y que es una campaña de descrédito aumentado en estos tiempos de internet por las llamadas noticias falsas mientras la justicia se apura a modernizarse tipificando algunas prácticas como delito para que los agraviados puedan proceder en los tribunales como agresión, como de hecho, es.
El ser humano que quiera o simplemente, llegue a convertirse en figura pública sabrá que inmediatamente aparecerán entes que se le opondrán y si se acrecienta su liderazgo del tipo que sea así será la fuerza que adquirirán sus oponentes por lo que debe estar preparado para que aparezcan contra él noticias falsas, campañas de descrédito y hasta su propia familia y su vida privada podría estar en la mira, por lo que hay que estar dispuestos también, a someter a los desaprensivos y mal intencionados que crean que la campaña de descrédito es la vía para subir.
Algo es claro. Una campaña de descrédito no da votos al contrario y aunque el efecto de estas no debe ser despreciado por el atacado, también es evidente que la persona o medio que procede al descrédito no tiene buenas intenciones ni con la ciudadanía ni con el país porque quien miente, quien usa las campañas denotativas para lograr sus objetivos son malsanos y hasta perjudiciales para todos.

