Lo que está sucediendo en nuestra amada selva “El juicio al león de ojos azules”
Por Juan Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En lo más profundo de la selva, donde el follaje es denso y las verdades caminan con sigilo, se ha convocado una reunión extraordinaria para el próximo sábado en la célebre sede central, donde los leones suelen reunirse cuando el rugido se vuelve incómodo.
Esta vez, el llamado no es para celebrar una cacería justa ni para trazar rutas hacia la armonía, sino para sentar en el banquillo al león de los ojos azules. Su pecado: pronunciar palabras que, según ciertos oídos sensibles en la selva cubana, han sido consideradas inapropiadas. Dijo «estafa», y en aquellas tierras esa palabra pesa como una tormenta sin lluvia, como un rugido que rompe los pactos del silencio.
El león de ojos azules alzó su voz por la injusticia de tener que entregar 20 monedas del norte solo para su estadía de 4 estrella, mientras desde hace más de dos vueltas solares se vienen oyendo susurros de irregularidades mucho más graves, enterradas bajo hojas secas por los mismos que ahora quieren erigirse en jueces.
Pero, ¿con qué fuerza moral pueden juzgarlo? ¿Con qué dignidad se atreven a alzar la zarpa quienes han sido cómplices del silencio? Aunque ahora parezcan unidos —el pavo altanero que sólo repite lo que oye, el elefante que todo lo sabe pero calla, y el león del trono que se aferra al rugido prestado—, todos se han unido no por justicia, sino para ocultar sus huellas.
Se agrupan, no por amor a la selva, sino por temor a que alguien descubra los rastros que dejaron cuando pisaron fuera del sendero. La alianza entre ellos no nace de la verdad, sino del miedo a ser desenmascarados por el eco de un solo rugido honesto.
Ahora, el león de ojos azules, valiente pero solo, enfrentará el juicio de quienes jamás se han mirado en el río para ver el reflejo de su propia culpa.
Pobre del león de ojos azules… que por quejarse en voz alta será tratado como enemigo. Mientras tanto, los verdaderos depredadores siguen acechando, sin nombre y sin castigo.

