Los opositores olvidadizos y el auge del gobierno de Abinader
Por Juan José Encarnación
SANTO DOMINGO, RD.-
A los opositores del gobierno del presidente Luis Abinader habría que recetarles medicamentos para la memoria, pues parece que olvidan por qué están fuera del poder. Cada día repiten discursos llenos de falsedades, tratando de desacreditar una gestión que ha mostrado estabilidad, crecimiento económico y unidad política. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) está más cohesionado que nunca, mientras que la oposición luce desorientada, dando palos a ciegas y repitiendo los mismos errores del pasado que los llevaron a la derrota.
En estos tiempos, vemos a Leonel Fernández hablando de seguridad nacional como si durante sus gobiernos ese tema no hubiera sido una de las mayores debilidades. Lo mismo ocurre con los antiguos líderes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que parecen sufrir de amnesia política. Cuando uno escucha a esos dirigentes criticar la seguridad actual, basta con recordar los años en que la delincuencia y la corrupción policial eran el pan de cada día. La gente puede perder la memoria, pero ahí están Google, el internet y la inteligencia artificial para refrescarles los hechos.
Es lamentable que la oposición se dedique a distorsionar la realidad nacional. Tanto Danilo Medina como Leonel Fernández, con sus partidos, han hecho de la mentira un recurso político. Pero eso no vale la pena. Es irresponsable dañar la imagen del país con declaraciones falsas, sobre todo cuando provienen de figuras que han ocupado la presidencia tres veces. Los organismos internacionales, los inversionistas y los turistas escuchan y leen esas declaraciones, y eso afecta la reputación de una nación que está en pleno auge de inversión, turismo y estabilidad macroeconómica.
El presidente Abinader ha demostrado que es posible gobernar con transparencia y eficiencia. Nadie puede descartarlo como líder político, aunque enfrente los retos naturales de la gestión. Lo que no se justifica es que los opositores, incapaces de aceptar su desgaste, se dediquen a atacar sin fundamentos. Leonel Fernández, por ejemplo, debería concentrarse en orientar a la juventud, en apoyar a su hijo Omar Fernández en sus aspiraciones y aprovechar su experiencia para educar políticamente, en lugar de difundir pesimismo y falsas predicciones sobre el futuro del país.
Las encuestas recientes reflejan lo que la oposición no quiere aceptar: el pueblo sigue confiando en Abinader. Aunque algunos medios aliados a la oposición intenten manipular las cifras, todas coinciden en que el PRM mantiene una ventaja sólida. Mientras el oficialismo se fortalece, la oposición aparece fragmentada. Como dice el refrán bíblico, “un reino dividido contra sí mismo no puede mantenerse en pie”. El PLD y la Fuerza del Pueblo no logran acuerdos, y sus líderes se acusan mutuamente de traición y de haber llevado al país al caos.
Muchos técnicos y profesionales que antes trabajaban en gobiernos del PLD hoy reconocen que están mejor bajo esta administración. Han sido respetados, ascendidos y valorados en sus funciones, algo que no siempre ocurría antes. Algunos incluso confiesan que ahora tienen estabilidad laboral, han podido adquirir una vivienda o un vehículo, y disfrutan de mejores condiciones de vida. Ese reconocimiento silencioso demuestra que el cambio ha dado frutos tangibles, y que la gestión de Abinader ha dignificado a muchos empleados públicos que antes se sentían perseguidos o marginados.
Por eso resulta absurdo que quienes tuvieron el control total del Estado durante casi dos décadas ahora quieran presentarse como salvadores. Si antes fueron dueños de todo y lo mal administraron, no pueden venir hoy a dar lecciones. La realidad es que el país avanza: las inversiones crecen, el turismo rompe récords, las remesas mantienen su fuerza, y la imagen internacional de la República Dominicana es positiva. El gobierno de Abinader no necesita propaganda: sus resultados hablan por sí solos. La oposición, en cambio, sigue perdida en el pasado, aferrada a un poder que ya no les pertenece

