Mi olfato político ve más allá de la curva y dice que Abinader abrirá el candado del 2028
Por Juan José Encarnación
SANTO DOMINGO, RD.-
No se puede cambiar de caballo cuando se cruza el río. Todos los precandidatos del PRM son muy buenos, pero el mejor es Luis Abinader. Mi olfato político ese que me permite ver más allá de la curva me dice que mientras la oposición se divide, Abinader mantiene la unidad, la continuidad y el progreso. El presidente ha decidido no dejar el destino político del país en manos del azar.
Con el candado en las manos y la llave bien resguardada, ha dejado entrever que podría abrirlo él mismo en el 2028. Y ahora, con la presentación del Proyecto 2036, su intención parece más clara que nunca: no se trata solo de transformar el Estado, sino de preparar el terreno para una continuidad política que lleve su sello.
El Proyecto 2036 promete ser la joya de su corona: un ambicioso plan de desarrollo nacional que busca duplicar el Producto Interno Bruto dominicano en poco más de una década. Es el tipo de iniciativa que ningún presidente lanza si no tiene pensado seguir al mando o dejar a alguien de su entera confianza al timón. Y a juzgar por su discurso, Abinader no quiere ni uno ni lo otro: quiere seguir siendo el arquitecto del modelo económico que ha consolidado.
La estructura de Estado colocada bajo el liderazgo de la nueva estrella femenina del PRM, Gloria Reyes, lleva por nombre Dirección de Desarrollo Social, y aunque oficialmente se presenta como un órgano de alcance humano y comunitario, en los pasillos del poder muchos la interpretan como un movimiento estratégico cuidadosamente diseñado.
La narrativa en torno a esta iniciativa no debería plantearse como una afirmación cerrada, sino como una lectura política en modo subjuntivo: podría ser que el presidente esté construyendo, pieza a pieza, la base social que sostendría una eventual continuidad; podría ser que esta nueva dirección marque el inicio de una estrategia más amplia, donde lo social se funde con lo electoral. En todo caso, los hechos alimentan las conjeturas, y en los corrillos políticos, nadie descarta que detrás de cada acción técnica haya un propósito político perfectamente calculado.
El mensaje político es claro: Abinader no está en retirada, está en expansión. Su nueva estrategia mezcla gestión social con cálculo político. Quien controla la ayuda social, controla la narrativa, y quien controla la narrativa, domina el escenario electoral. No hay que ser adivino para entender que el presidente está sembrando terreno fértil para una futura cosecha reeleccionista.
Y aunque públicamente insiste en que no hay campaña, lo cierto es que los movimientos son claro. Desde Jarabacoa, ha llamado a la cúpula del PRM a cerrar filas, a dejar de pelear y a defender “la obra de gobierno”. Traducido en lenguaje político: *“dejen la ambición por ahora, que el que sigue mandando soy yo”*. Ese mensaje, directo y sin maquillaje, ha generado incomodidad en algunos círculos internos, donde ya se habla abiertamente de un “Abinader 2028”.
El mandatario se mueve con astucia: detiene campañas ajenas mientras impulsa proyectos de Estado que le dan visibilidad y poder territorial. Sabe que no puede hablar de reelección todavía, pero también sabe que la reelección se construye con hechos, no con discursos. Y lo que se está levantando con el Proyecto 2036 y la nueva estructura social es, políticamente hablando, un puente directo hacia 2028.
Así que cuando el presidente dice que tiene el candado en las manos, no hay duda de que también tiene la llave. Si la economía se mantiene estable, si el control de la corrupción sigue como bandera, y si el nuevo programa social logra llegar a cada rincón del país, Luis Abinader podría no solo abrir el candado del 2028, sino también forjar la cerradura del 2036.

