Opinión

Pirámides financieras y la magia del dinero

Daris Javier Cuevas

Han transcurrido 102 años, desde 1920 hasta la actualidad, cuando el señor Carlos Ponzi
incurrió en la estafa más grande que haya sucedido en la historia de las finanzas
informales. Todo ocurrió a raíz de que el señor Ponzi anunciaba, en EE. UU, las
bondades que recibirían las personas al llevar su dinero al negocio que El impulsaba
pagando intereses hasta de un 100% trimestral, provocando que las filas de gente
llevando sus ahorros parecerían interminable.

Carlos Ponzi era italiano, pero el esquema de su sistema de inversiones lo desarrolló en
USA en base a la propagación entre amigos de que les había llegado la bendición
divina, que había aparecido el benefactor de multitudes que le cambiaria la vida
económica a todo aquel que le confiara sus ahorros para multiplicarlo por arte de magia.
Nadie quería quedarse fuera de tan maravilloso negocio que los haría ricos de una
manera sencilla, divertida y fácil.

Los nuevos inversionistas también podían lograr multiplicar su dinero en 45 días con
rentabilidad entre 45% y 50%, respectivamente. El éxito le sonreía a Carlos Ponzi a
cada instante ya que cada vez las personas creían ciegamente en la nueva forma de
hacerse rico en poco tiempo, máxime por que quienes invertían recibían los beneficios
prometidos en el plazo acordado y esa noticia se expandía a la velocidad de un rayo de
Luz.

Así se construyó en USA el denominado esquema piramidal Ponzi, calificada como una
operación de tipo fraudulenta en la inversión, la cual era fruto de que los intereses que
se pagaban eran del dinero de los nuevos inversionistas, esto es, los nuevos clientes que
reclutaba la magia del negocio. El calificativo de estafa viene dado por que los
beneficios que reciben quienes colocan su dinero en primer orden es pagado por los
nuevos inversionistas, y hasta por ellos mismos, los cuales caen en la trampa del engaño
por las promesas de que recibirán jugosos beneficios.

La dinámica de crecimiento de las operaciones piramidales encuentra su apoyo cuando
el numero de nuevos inversionistas o victimas entran en la ruleta de las ambiciones, así
funciona esta práctica. Es por tal razón que el crecimiento de este tipo de operaciones es
inducido de una manera determinante conforme a las referencias que puedan dar los
clientes que han sido beneficiados, quienes han visto realizar los intereses percibidos,
que hasta superan el mercado formal regulado de una manera espectacular.

Bajo esa explicación es que funciona la fórmula del sistema de las pirámides financieras
y cuyos promotores recurren a la ambigüedad en explicar el origen del dinero que allí se
mueve, donde el patrón de conducta es ocultar la justificación de su procedencia y se
promocionan como los grandes sabios financieros. Este sistema es insostenible en el
tiempo y en el corto plazo se traduce en grandes perdidas para los que llevan su dinero
para que se multiplique a la mayor velocidad inimaginable, y esa es una razón poderosa
para que esta modalidad financiera se tipifique como una estafa, conforme con lo
establecido en el espíritu del articulo 405 del Código penal dominicano.

La historia de las pirámides financieras parece repetirse cada cierto tiempo, fruto de que
las personas solo les importa que el dinero que posee se le multiplique y no se
preocupan por investigar si quienes fomentan esos servicios están debidamente
supervisada o regulada por la autoridad financiera competente. Pues resulta que la
apetencia, la pretensión de conseguir grandiosos lucros en corto tiempo obnubila la
razón de esos inversionistas, lo cual encuentra su mayor potencial en etapas que
financiera y económicamente son dificultosas.

Llama poderosamente la atención que en los últimos tiempos en la Republica
Dominicana aparecen empresas fantasmas que realizan prácticas piramidales sin temor a identificarse, lo cual ha venido ocurriendo en todo el territorio nacional de tal manera
que ofrecen rentabilidad por su inversión por encima del mercado formal, pues cuando
eso ocurre ahí es que se puede verificar el riesgo y el potencial de que se asiste ante una
actividad de tipo fraudulenta.

El público ahorrador debe ser cauto y desconfiado con
cualquier actividad de esa naturaleza y lo primero que debe procurar saber es si se trata
de entidades que cumplen con los requisitos y exigencias de la Ley monetaria y
financiera, y cuáles son las únicas que están autorizadas a captar recursos del público.
Todo tipo de entidades fantasma que aparezcan ofreciendo servicios financieros
informales de tipo piramidal, deben ser pasible de ser investigado por el ministerio
público, quien posee la calidad para tales fines. Pues las autoridades monetarias y
financieras tienen la limitación de que no son órgano de persecución y solo puede hacer
las denuncias de lugar.

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