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¿PLD o Fuerza del Pueblo?  Manuel Rojas analiza la división política y plantea que uno de los dos partidos deberá desaparecer

 

Por redacción SDE digital

SANTO DOMINGO, RD.-

Con apenas una semana de participación en el programa radial “El Rumbo de la Mañana”, el destacado comunicador Manuel Rojas ha logrado colocar sobre la mesa un tema neurálgico del sistema político dominicano: la división interna de los partidos y sus consecuencias inevitables. Rojas sostuvo, con firmeza y claridad, que cuando una organización política se divide, la historia demuestra que una de las partes termina desapareciendo, pues no hay espacio real para dos estructuras que compitan por la misma base, los mismos símbolos y el mismo liderazgo.

Para sustentar su planteamiento, Manuel Rojas citó el caso reciente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo (FP), surgida tras una profunda fractura interna. De igual forma, recordó el precedente histórico del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), cuya división dio origen al Partido Revolucionario Moderno (PRM), provocando que el PRD quedara prácticamente relegado a la irrelevancia política. A partir de estos ejemplos, Rojas lanzó una pregunta que sigue resonando en el debate público: ¿cuál de los dos partidos, PLD o Fuerza del Pueblo, está destinado a desaparecer?

En ese mismo análisis, el comunicador abordó la entrada de Saviñón a la Fuerza del Pueblo, contextualizándola dentro de las inconformidades e impugnaciones surgidas tras procesos internos de esa organización. Señaló que estas situaciones no son aisladas, sino parte de una dinámica política en la que los partidos, tras conflictos internos, terminan absorbiendo dirigentes de distintas procedencias y trayectorias ideológicas, en un intento por fortalecer su estructura y ampliar su alcance electoral.

Rojas también reflexionó sobre la práctica común de las direcciones partidarias de hacer reservas de candidaturas, lo que permite la inserción de personalidades que, aunque no cuenten con una militancia tradicional o una estructura propia sólida, resultan estratégicas para ciertas coordinaciones políticas. Explicó que muchos de estos dirigentes no destacan por su impronta electoral ni por su capacidad de estructurar campañas, pero sí juegan roles importantes en negociaciones, alianzas y articulaciones internas.

Asimismo, reconoció que existen sectores que cuestionan la deserción de figuras que, aparentemente, no poseen un capital político significativo. Sin embargo, Rojas defendió que debe valorarse el mérito individual y la trayectoria de cada dirigente. En ese contexto, recordó que incluso exmiembros del Comité Político del PLD, con experiencia ministerial y ejecutiva, han sido piezas clave en distintos momentos, y su aporte no debe subestimarse solo por el hecho de cambiar de organización.

En su reflexión, Manuel Rojas fue enfático al afirmar que, más allá de los colores y símbolos, PLD y Fuerza del Pueblo comparten un mismo origen político. Utilizó una metáfora clara al señalar que se trata de “la misma fuerza, pintada de dos colores”, lo que refuerza la idea de que la coexistencia prolongada de ambas estructuras es insostenible. A su juicio, la competencia entre partidos con el mismo ADN político termina debilitando a ambos.

Recordó también episodios del pasado en los que, tras victorias internas o externas, las celebraciones y expectativas se desvanecieron rápidamente ante la realidad del poder y la toma de decisiones. En ese sentido, destacó que la historia política dominicana está llena de pruebas que confirman que las divisiones no fortalecen, sino que fragmentan y conducen a la desaparición de proyectos que alguna vez fueron mayoritarios.

Finalmente, a partir de las declaraciones de Manuel Rojas, queda abierta una interrogante que marcará el futuro de la oposición dominicana: ¿cuál de los partidos surgidos de la división del PLD logrará sobrevivir y consolidarse, y cuál quedará en el camino? Solo el tiempo, el liderazgo y la capacidad de análisis estratégico darán la respuesta. Mientras tanto, el debate está servido y la reflexión resulta más que necesaria.

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