Solicitan apertura a juicio de fondo contra la “neurocientífica” Elizabet Silverio
Por Redacción SDE digital
SANTO DOMINGO.-
El reciente caso de la “neurocientífica” Elizabeth Silverio, directora del Centro de Terapias Neurocognitivas y Psicopedagógicas (Kogland), ha desatado una tormenta de indignación y preocupación en la sociedad dominicana. La Fiscalía del Distrito Nacional ha solicitado la apertura de un juicio de fondo en su contra, alegando que ejercía la medicina con títulos falsos. Según las acusaciones, Silverio no solo engañó a los padres de niños vulnerables, sino que también puso en riesgo la salud y el bienestar de estos menores al hacerse pasar por una profesional de la salud calificada.
Este escándalo no es solo un ataque a la confianza depositada por los padres en el sistema de salud y educativo, sino también una grave violación a los principios éticos y legales que rigen estas profesiones. La gravedad de la situación radica en que Silverio, a través del uso de documentos falsos, logró construir una fachada de legitimidad y profesionalismo, convenciendo a muchos de su supuesta capacidad y especialidad en medicina.
La sociedad espera con urgencia una respuesta contundente por parte del sistema judicial. No se trata solo de castigar un delito, sino de enviar un mensaje claro y fuerte de que tales acciones no serán toleradas. La impunidad en casos como este no solo socava la confianza en las instituciones, sino que también pone en tela de juicio la eficacia de los mecanismos de regulación y supervisión existentes.
Además, este caso debe ser un llamado de atención para reforzar los procesos de verificación de credenciales en todas las áreas de la medicina y la educación. La existencia de estafadores que logran infiltrarse en estos sectores críticos revela fallas sistémicas que deben ser corregidas de inmediato. Es fundamental que se implementen medidas más rigurosas para prevenir que individuos sin la debida formación y certificación puedan operar libremente y poner en riesgo la salud y la educación de la población.
Los padres y pacientes que confiaron en Silverio no solo fueron víctimas de una estafa económica, sino también de una traición emocional y psicológica. La desesperación por encontrar soluciones efectivas para sus hijos los llevó a creer en las falsas promesas de una supuesta experta. La angustia y el daño causado por este engaño son incalculables y requieren una respuesta proporcional del sistema judicial.
Finalmente, el caso de Elizabeth Silverio es un recordatorio doloroso de la importancia de la integridad y la veracidad en las profesiones dedicadas al cuidado y desarrollo de las personas. La justicia debe actuar con firmeza y celeridad para sancionar a los responsables y, al mismo tiempo, se deben fortalecer los mecanismos de control y supervisión para evitar que algo así vuelva a ocurrir. Solo así podremos restaurar la confianza y garantizar la protección de los más vulnerables en nuestra sociedad.

