Tiempos de cambio y renovación: Un llamado a la acción odfélica.
Por Juan Veras,
SANTO DOMINGO.-
Hace una década, al ingresar a esta noble institución de ayuda y socorro, “Gran Orden unida de Odfelos” no pude evitar notar una preocupante tendencia: nuestros reglamentos, que una vez fueron sólidos cimientos, habían comenzado a mostrar signos de obsolescencia. En aquella época, compartí mis inquietudes con algunos maestros de la Orden con la convicción de que si no actuábamos con determinación, estábamos condenados a la decadencia.
Hoy, diez años después, me encuentro aquí para reflexionar sobre ese llamado y recordar las palabras que pronuncié. Una institución que presencia más bajas en sus filas que ingresos de nuevos miembros está en el filo del abismo. Como sociedad, debemos entender que una comunidad que descuida su historia está condenada a repetirla, y la falta de una juventud comprometida significa la ausencia de un futuro floreciente.
A lo largo de los años, he sido testigo de los desafíos que nuestra institución ha enfrentado. Hemos luchado por mantener nuestra esencia y misión intactas, pero también es evidente que no podemos apegarnos ciegamente a tradiciones que ya no cumplen su propósito. Si queremos que nuestra institución perdure y siga siendo un faro de esperanza, debemos adaptarnos a los cambios y acoger nuevas ideas con los brazos abiertos.
La importancia de la lectura y el conocimiento no puede ser subestimada. Una sociedad que se aleja de las páginas de su historia está destinada a repetir errores pasados. La lectura no solo nos conecta con nuestras raíces, sino que también nos desafía a explorar nuevas perspectivas y soluciones. Debemos fomentar el amor por la lectura en nuestras filas y en la sociedad en general, para que podamos crecer y evolucionar de manera informada y consciente.
La juventud es el motor de cualquier sociedad vibrante. Son los jóvenes quienes traen consigo la energía y la pasión necesarias para impulsar el cambio y la innovación. Debemos asegurarnos de que los jóvenes se sientan valorados y escuchados en nuestra institución, brindándoles un espacio donde puedan contribuir con sus ideas frescas y su entusiasmo contagioso.
Hermanos y hermanas comprometidos, ha llegado el momento de tomar un respiro y reflexionar sobre el camino que estamos recorriendo. Debemos mirar hacia atrás, hacia las viejas costumbres y valores que una vez nos definieron, pero también debemos mirar hacia adelante, hacia un futuro lleno de potencial y oportunidades. No debemos temer a la renovación; en cambio, debemos abrazarla con valentía y sabiduría.
Diez años han pasado desde que hice aquel llamado a la acción. Diez años en los que hemos enfrentado desafíos y celebrado triunfos. Hoy, más que nunca, reafirmo mi convicción de que podemos construir una institución más fuerte y una sociedad más sólida. Depende de nosotros, los buenos hermanos y hermanas, tomar las riendas del cambio y llevar a nuestra institución y sociedad hacia un futuro más brillante.
El camino no será fácil, pero la recompensa será valiosa. Unámonos en esta búsqueda de la excelencia, donde la adaptación, la lectura y la participación juvenil sean nuestras brújulas. Solo así podremos trazar un nuevo rumbo y demostrar que somos capaces de superar cualquier desafío que se presente en nuestro camino. Juntos, construiremos un legado duradero y un futuro lleno de esperanza y prosperidad.

