Un reconocimiento inesperado
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Desde hace varios años, un amigo comunicador me insistía con vehemencia que me subiera a la ola de las redes sociales, que comenzara a hacer noticias en video para una de las plataformas más populares del momento.
Su argumento era convincente: “Ahí están los números grandes, los miles de vistas, el alcance masivo”. Pero yo siempre le respondía con claridad: a mí no me interesaba la cantidad, sino la calidad. No buscaba ser viral, sino ser leído y escuchado en mi municipio y en todo el país.
Ese era, y sigue siendo, mi propósito: hacer un trabajo responsable, comprometido, que genere conciencia. Y aunque algunos entienden el “feedback” solo en forma de clics, yo lo he recibido de una manera distinta, más humana, más cercana.
Una vez, mientras disfrutaba del Grupo Bonyé en la Zona Colonial, se me acercó un joven y me preguntó con cierta emoción:
¿Usted es el que hace el papel del “Brujo”?
Le respondí que sí. Sin decir más, quiso tomarse una foto conmigo. En ese gesto sencillo, pero cargado de significado, sentí que algo estaba haciendo bien.
Otro día, mientras caminaba por los pasillos de un supermercado, un gondolero me detuvo con una sonrisa:
Usted está haciendo un buen trabajo, siga así.
Y cuando ya me disponía a pagar en la caja, otra persona me reconoció y me dijo con firmeza:
No deje de hacer esas denuncias.
Eran palabras que valían más que cualquier métrica digital.
Durante una cobertura de una actividad oficial de la presidencia, sufrí un mareo debido al calor. Buitrago, siempre solidario, me llevó a una clínica. Mientras me atendían, el camillero, sí, el mismo que me colocó en la camilla, me preguntó si yo era el Brujo. Y también él quiso una foto. Aún en momentos de vulnerabilidad, uno recibe señales de que el trabajo tiene eco.
Más adelante, en Bella Vista Mall, bajaba las escaleras acompañado de dos grandes comunicadores: Triffolio y Juan José. De pronto, alguien me interceptó con la pregunta de rigor:
¿Usted es el Brujo?
Juan José, con su habitual buen humor, bromeó:
Pero mira a este… ¡lo conocen más que a nosotros!
Y esas cosas, esos momentos espontáneos, esos rostros que te miran con respeto, admiración o simplemente con una sonrisa, son las que le dan sentido a lo que uno hace. No es la viralidad lo que define el éxito, sino el impacto silencioso y persistente que uno deja en la conciencia colectiva.
Ser el “Brujo” no es solo un personaje; es una voz que incomoda a algunos y que otros agradecen. Y si me siguen reconociendo en la calle, no será por los algoritmos, sino por el compromiso con la verdad, la denuncia y la defensa de lo justo. Porque, al final del día, no se trata de ser famoso… sino de ser útil.

