Una aberración sin sentido: ¿Premiar a los responsables del dolor?
Por redacción SDE digital
SANTO DOMINGO.-
Narrada por quien no olvida
A veces, las propuestas políticas nos obligan a preguntarnos si realmente estamos avanzando como sociedad o si, por el contrario, seguimos atrapados en la lógica del olvido, del encubrimiento y de la impunidad. La reciente petición del diputado de San Pedro de Macorís, solicitando al presidente Abinader la adquisición a través del Ministerio de Cultura de los terrenos donde operaba la tristemente célebre discoteca Jet Set, no solo es insólita: es una aberración moral y ética que merece el más enérgico rechazo.

¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI, se pretenda transformar en un símbolo cultural el espacio que durante décadas representó un oscuro capítulo de nuestra historia reciente? ¿Cómo vamos a premiar comprando esos terrenos a quienes fueron responsables, directos o indirectos, de la muerte de más de 200 personas? ¿Acaso las lágrimas de tantas madres, padres y familiares han sido olvidadas? ¿Acaso la memoria nacional puede ser comprada a precio de metro cuadrado?
Este no es un simple terreno. No es una parcela cualquiera. Es un lugar cargado de historia, pero no de esa historia que debemos celebrar, sino de la que debemos recordar con respeto, con responsabilidad y con justicia. Jet Set no fue solo un lugar de diversión, fue también el epicentro de un modelo de vida que, muchas veces, derivó en tragedia por la falta de regulación, el exceso de impunidad, y la indiferencia de quienes hoy pretenden reescribir la historia con discursos edulcorados.
Transformar ese lugar en un «centro cultural», como ha sido insinuado, es intentar blanquear el pasado con recursos públicos. Es convertir la memoria del dolor en un negocio disfrazado de política cultural. Lo correcto sería exigir investigaciones, reparaciones y, si algo debe construirse allí, que sea un espacio para honrar a las víctimas, un memorial nacional contra la irresponsabilidad y el olvido, no un monumento al cinismo.
Señor diputado: su propuesta no solo es carente de sentido, es también una afrenta para las familias que aún lloran a sus muertos. El país no puede permitir que se utilicen recursos del Estado para lavar culpas privadas. La cultura no se construye desde la negación de la verdad. Y si alguna vez nos vamos a reconciliar con nuestro pasado, que sea con memoria, no con transacciones.

