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Una noche de música y tragedia: la caída del Jet Set y las preguntas que siguen sin respuesta

 

Por Redacción SDED.-

Era una noche cualquiera en la capital, pero en el legendario escenario del Jet Set, todo parecía alinearse para el goce colectivo: el merenguero Rubby Pérez estaba en escena, con su potente voz y su repertorio de éxitos, cuando la alegría se transformó en horror.

A las 12:44 de la madrugada, sin previo aviso, el techo del emblemático centro de entretenimiento colapsó sobre los asistentes. Al menos 20 personas perdieron la vida y más de 120 resultaron heridas. El estruendo fue seco, demoledor. Testigos hablan de un sonido estremecedor, seguido por una nube espesa de polvo y gritos de desesperación.

Los cuerpos fueron sacados entre escombros, gritos y lágrimas. Decenas de ambulancias llegaron en cuestión de minutos, mientras unidades de bomberos, policía y defensa civil acordonaban la zona. El tránsito fue interrumpido completamente en la avenida Independencia y calles aledañas, generando un caos vial que duró horas, reflejo del desconcierto general.

Pero más allá del hecho noticioso, esta tragedia plantea interrogantes dolorosas que no pueden quedar sepultadas bajo el concreto caído. ¿Cuál era la condición estructural del edificio? ¿Había reportes previos de deterioro? ¿Se cumplían los protocolos de seguridad y las normativas vigentes para lugares de concentración masiva?

El Jet Set no es un lugar cualquiera: es una institución cultural, un símbolo de la música bailable dominicana, un punto de encuentro de generaciones. Su caída —literal y simbólica— no solo deja una estela de dolor, sino también una deuda de respuestas por parte de las autoridades. Este hecho no puede ser abordado solo desde la tristeza o la conmoción mediática. Debe abordarse desde la verdad y la responsabilidad.

Si se trató de negligencia, de omisiones estructurales o de permisividad institucional, el país tiene derecho a saberlo. No podemos seguir aceptando que la fiesta se pague con vidas. No se trata de buscar culpables inmediatos para tranquilizar a la opinión pública. Se trata de prevenir futuras tragedias en otros lugares similares donde también se mezclan el baile, la euforia y el riesgo.

Hoy, lloramos a nuestros muertos, nos solidarizamos con los heridos y sus familias, pero también alzamos la voz para exigir justicia y rendición de cuentas. Que el desplome del Jet Set no sea solo una nota trágica en los periódicos, sino un punto de inflexión en la cultura de prevención y supervisión en la República Dominicana.

Que esta tragedia no quede en el olvido ni en la rutina del morbo. Las ruinas del Jet Set no solo claman por reconstrucción: claman por verdad.

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