Venta secreta de un local odfélico desata crisis institucional y procesos ante la justicia civil
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Nunca antes en la historia del odfelismo se había registrado un hecho tan grave y tan contrario a sus principios fundacionales como la venta de un local sin la anuencia expresa de sus miembros. El organismo rector, llamado a ser garante de la transparencia, la ética y el respeto a la voluntad colectiva, actuó de espaldas a la membresía, rompiendo una tradición histórica basada en la participación y el consenso fraterno.
Este acto no solo representa una violación a los estatutos morales del odfelismo, sino que también hiere profundamente la confianza de los hermanos que han dedicado años de trabajo, sacrificio y lealtad a la institución. La toma de una decisión de tal magnitud, sin consulta ni información previa, marca un precedente peligroso que socava la esencia democrática y solidaria de la Orden.
A este hecho se suma el manejo hermético y deliberadamente secreto con el que se ejecutó la venta. La membresía odfélica fue mantenida en la oscuridad, negándole el derecho legítimo de conocer, opinar y decidir sobre un bien que pertenece al patrimonio colectivo. El secretismo, lejos de proteger a la institución, terminó manchando su imagen y debilitando su credibilidad interna y externa.
Más grave aún resulta la forma en que, según las informaciones disponibles, se repartió el dinero producto de dicha venta. En lugar de destinarse de manera clara y transparente a los fines institucionales, se habría utilizado para comprar conciencias, silenciar voces críticas y asegurar complicidades que hoy pesan como una carga moral sobre la Orden.
Este comportamiento impropio dio lugar a la conformación de un grupo de hermanos indelicados que traicionaron los valores de amistad, amor y verdad que definen al odfelismo. Al anteponer intereses personales a los principios colectivos, estos actores no solo dañaron a la institución, sino que se colocaron al margen de la ética que juraron defender.
Las consecuencias de estas acciones no tardaron en manifestarse. Hoy, varios de los involucrados enfrentan procesos ante la justicia civil, un hecho sin precedentes que deja en evidencia la gravedad de lo ocurrido. La intervención de los tribunales refleja que las irregularidades trascienden el ámbito interno y alcanzan dimensiones legales que no pueden ser ignoradas.
Este proceso judicial, aunque doloroso, debe asumirse como una oportunidad para que la verdad salga a la luz. El odfelismo no puede ni debe ser refugio de prácticas oscuras ni de conductas reñidas con la ley. Callar o encubrir solo profundizaría la herida y prolongaría la crisis institucional.
Frente a este escenario, resulta imprescindible que los hermanos comprometidos con la verdad mantengan una postura firme y coherente. Defender la transparencia no es un acto de traición, sino un deber moral con la historia, los fundadores y las futuras generaciones que esperan una Orden digna y respetable.
Llevar estas informaciones hasta el final no es una amenaza, sino un compromiso con la justicia y con la memoria institucional. El esclarecimiento total de los hechos permitirá establecer responsabilidades, corregir errores y sentar las bases para una verdadera reconciliación basada en la verdad.
Esperemos, pues, que este proceso marque un antes y un después en el odfelismo. Que de esta crisis surja una institución más fuerte, más honesta y más fiel a sus principios, donde nunca más se repitan actos realizados en secreto ni decisiones que traicionen la confianza de la membresía.

