“El clamor de la escuela La Milagrosa» Una escuela que enseña con el corazón
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En el corazón del populoso sector de Villa Consuelo, se alza un ejemplo de perseverancia, vocación y entrega: la Escuela La Milagrosa. Desde hace varios años, este centro educativo ha sostenido su labor con recursos propios, sin dejarse vencer por la falta de apoyo estatal, con la única misión de llevar educación a centenares de niños que, de otro modo, quedarían atrapados en el círculo de la exclusión y la pobreza.
Pero la realidad ya no puede seguir siendo ignorada. Hoy, más que nunca, se hace urgente que las autoridades competentes escuchen el clamor de esta comunidad y nombren al personal docente necesario para garantizar la continuidad de las clases. La educación no puede seguir siendo una tarea heroica de unos pocos corazones nobles; debe ser una prioridad del Estado.
Este llamado no lo hace solo la dirección del centro ni los padres desesperados, sino también una voz que siempre ha estado del lado de los más necesitados: el doctor Antonio Cruz Jiminián.
El reconocido filántropo estuvo presente en las instalaciones de la escuela, acompañado de padres preocupados y amigos de la institución, quienes se sumaron al pedido urgente de atención y apoyo por parte del Estado.
Su presencia representa el respaldo de una comunidad entera que no quiere seguir viendo cómo se vulnera el derecho fundamental de sus hijos a una educación digna.
La Milagrosa no pide lujos ni privilegios, solo pide lo justo: maestros para sus aulas. Cada día que pasa sin una respuesta oficial es un día perdido en la formación de decenas de futuros ciudadanos. ¿Qué más necesita el Ministerio de Educación para actuar? ¿Una tragedia? ¿Una protesta masiva? ¿O simplemente la dignidad de escuchar y actuar?
Villa Consuelo no es una estadística ni una sombra urbana. Es un barrio lleno de vida, de esperanza y de niños que quieren aprender. La Milagrosa ha hecho su parte. Ahora le toca al Estado hacer la suya.

