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Abinader guarda la llave de la Constitución: advierte que no es tiempo de campaña y frena aspiraciones dentro del PRM

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

El presidente Luis Abinader le ha puesto candado a la Constitución y ha guardado la llave en una caja fuerte. No la ha perdido, simplemente la ha resguardado. No por miedo, sino por cálculo. La guarda, dicen algunos, “para cualquier eventualidad”, aunque muchos ya saben que, en política, las eventualidades nunca son casuales.

Dentro del PRM, más de uno ha tratado de hacer una copia de esa llave. Algunos lo hacen por ambición, otros por ansiedad, y no faltan los que lo hacen por lealtad anticipada a un proyecto reeleccionista que ni siquiera ha sido anunciado. Pero Abinader ha sido categórico: no es tiempo de campaña. Y quien quiera entrar al ruedo, debe renunciar a su cargo en el gobierno. Así, sin rodeos.

Con esa advertencia, el presidente no solo controla la agenda, también disciplina a su tropa. En un país donde el poder presidencial suele desbordar hasta a los propios partidos, Abinader intenta marcar distancia entre su rol institucional y los deseos políticos de su entorno. Una jugada que no solo tiene implicaciones internas, sino que envía señales al espectro político nacional.

Desde sus torres políticas, Leonel Fernández y Danilo Medina observan con recelo. No porque no conozcan el juego, sino porque saben lo que significa tener la llave de la Constitución guardada… o lanzarla al río. Ambos fueron protagonistas de capítulos en los que las reformas constitucionales abrieron o cerraron caminos presidenciales. Hoy, observan desde fuera, sabiendo que cualquier movimiento en falso de Abinader podría abrirles nuevas oportunidades o condenarlos al olvido.

Pero, mientras tanto, la llave sigue custodiada. Abinader juega con el tiempo y con el silencio. Sabe que las definiciones no se improvisan y que cualquier paso en falso puede dividir su partido o reforzar a sus adversarios. La estabilidad institucional —esa que muchos celebran en voz alta pero negocian en voz baja— está, por ahora, en pausa.

Y como si la historia quisiera dejar su enseñanza, vale recordar lo que Juan José Encarnación le advirtió en su momento al entonces presidente Jorge Blanco y al influyente dirigente Hatuey De Camps.  Y la historia, implacable, les pasó factura. Esa advertencia sigue resonando en los pasillos del poder, como un eco que hoy parece llegar a los oídos de Abinader.

 

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