Cuando la memoria falla “Las verdades olvidadas del sector eléctrico dominicano”
Por Juan José Encarnación
SANTO DOMINGO, RD.-
Algunos políticos como Leonel Fernández deberían recordar en su memoria, especialmente cuando hoy hablan del sector eléctrico como si nunca hubiesen tenido responsabilidad alguna en su deterioro. La realidad histórica es contundente: durante su gestión se entregaron las empresas eléctricas bajo el argumento de una supuesta “capitalización”, un proceso que fue vendido al país como la solución definitiva a los apagones, pero que en la práctica no trajo la transformación prometida.
La capitalización de las empresas eléctricas fue presentada como un modelo moderno y eficiente, una vía para dejar atrás décadas de inestabilidad. Sin embargo, lo que llegó a continuación fue una ola de apagones que se disparó a niveles impresionantes. Las comunidades vivieron largos períodos de oscuridad y desesperación, mientras las autoridades ofrecían explicaciones vagas o simplemente guardaban silencio, sin asumir la responsabilidad de un modelo que no funcionó.
Esos apagones no solo fueron molestias cotidianas; afectaron la productividad, el comercio, la seguridad y la calidad de vida de millones de dominicanos. Mientras el país exigía claridad, la respuesta fue un mutismo institucional que contrastaba con las grandes promesas hechas al inicio del proceso. La falta de explicaciones alimentó la desconfianza y dejó una huella profunda en la memoria colectiva del pueblo.
A este panorama crítico se sumó otro elemento que aún hoy muchos recuerdan con indignación: los contratos firmados con empresas privadas como Cogentrix, cuyas condiciones parecían diseñadas más para beneficio de la compañía que del país. Uno de los puntos más cuestionados fue que el Estado dominicano debía pagarles aproximadamente 5 millones de dólares aun cuando sus plantas permanecían apagadas.
Este acuerdo con Cogentrix se convirtió en el símbolo de una gestión eléctrica marcada por decisiones que nunca fueron justificadas de manera transparente. El pueblo se quedó esperando explicaciones que jamás llegaron, mientras el país seguía desembolsando millones por un servicio inexistente. Un modelo energético que debía traer eficiencia terminó generando más dudas que soluciones.
La combinación de apagones masivos y contratos desfavorables llevó al sector eléctrico a una crisis aún mayor. Los ciudadanos perdieron confianza en las instituciones y en las promesas de modernización que se hicieron con la capitalización. Cada apagón se convirtió en un recordatorio de que las decisiones tomadas no beneficiaron al interés nacional.
Por eso resulta chocante ver a algunos políticos opinar sobre energía como si nunca hubiesen tenido responsabilidad en su declive. Antes de hablar del presente, deberían recordar su propio historial y asumir que muchas de las fallas que aún persisten nacieron durante sus gestiones. La memoria es importante, pero más importante es la verdad, y el país merece que se hable con transparencia de un pasado que aún pesa sobre el sistema eléctrico dominicano.

