(1) de (20) Desde Marianao hasta la historia “El nacimiento del PRD como acto de amor a la patria”
Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Corría el año 1939. Mientras el mundo se estremecía bajo las garras de la guerra, en un rincón de Marianao, en La Habana, un grupo de dominicanos exiliados escribía una página heroica en la historia política de la República Dominicana.
En ellos ardía la esperanza de una patria libre del yugo trujillista, una nación donde la democracia pudiera respirar sin miedo. Así nació el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), un acto de amor y sacrificio concebido lejos del suelo patrio, pero con el alma puesta en él.
Fue Enrique Cotubanamá Henríquez, con una visión política nutrida por los ideales del peruano Raúl Haya de la Torre, quien lideró las gestiones para convertir esa aspiración en realidad. Cotubanamá, como lo conocían con respeto y admiración, no era solo un dirigente: era un sembrador de futuro.
Inspirado por el aprismo, por las luchas continentales, y por la sed de justicia, articuló el nacimiento de una organización que desafiaría desde el exilio a una de las dictaduras más feroces del hemisferio.
Los dominicanos que residían en La Habana no estaban allí por comodidad. Eran desterrados, exiliados voluntarios por amor a la libertad. Creían que otro país era posible. Un país donde el pensamiento no fuera un delito, donde los libros no fueran quemados, donde la palabra no fuera perseguida. Por eso, desde la distancia, se conjuraron en un solo propósito: luchar contra Trujillo a cualquier precio.
En ese propósito latía el espíritu de Juan Pablo Duarte, el forjador de la nacionalidad dominicana, y también el ideario de José Martí, quien desde Cuba había soñado con una América unida y libre. Los hombres del PRD llevaron en el corazón el pensamiento de estos dos titanes. Sus nombres no eran meras referencias: eran banderas.
Junto a Cotubanamá, dieron forma al partido dominicano del pueblo Juan Bosch, el intelectual y político que más tarde encarnaría la ética y la esperanza de los humildes; Juan Isidro Jiménez Grullón, el médico y pensador, agudo crítico del régimen; Rafael Mainardi Reyna, el jurista y estratega. A ellos se sumaron otros líderes de igual temple, hombres convencidos de que la historia solo cambia cuando se la enfrenta.
La fundación del PRD fue más que una acción partidaria: fue un acto patriótico, un acto de rebeldía moral frente a una dictadura que pretendía eternizarse. Aquella noche en Marianao, más que fundar un partido, se tejió una red de compromiso con la historia. El PRD fue, desde su origen, una promesa: la de regresar a liberar la patria.
Estas informaciones están extraídas del libro Soldado de la Democracia, una obra del abogado y politólogo Juan José Encarnación, quien ha documentado con rigor y pasión los orígenes y luchas de este histórico partido. Su testimonio es una guía indispensable para comprender la dimensión moral, política y patriótica del PRD en sus inicios.
Hoy, a más de ocho décadas de aquel hito, vale la pena recordar que la política dominicana tuvo en el exilio cubano una cuna de dignidad. El PRD nació con la frente en alto, inspirado en las mejores causas, y dispuesto a encarar el precio más alto: el de darlo todo por la libertad.
Ojalá las nuevas generaciones que militan en los partidos, y en especial en el que un día se llamó el partido del pueblo, no olviden nunca esa raíz. Porque cuando se olvida el origen, se extravía el destino.

