Diego Hurtado Brugal advierte en peña del “Bella Vista Mall” sobre la creciente obesidad y el cambio drástico en los hábitos de vida
Por Roberto Veras,
SANTO DOMINGO, RD.-
En la peña que se realiza cada viernes en el “Bella Vista Mall”, el reconocido endocrinólogo Diego Hurtado Brugal compartió un análisis profundo con varios profesionales de la comunicación sobre la obesidad y la calidad de vida, comparando el pasado reciente con la realidad actual. Durante su intervención, destacó que la sociedad ha experimentado un cambio drástico en sus hábitos alimenticios y en su forma de vivir. Antes, dijo, “usted comía en su casa”, donde predominaban alimentos frescos, preparados con moderación y con un equilibrio natural. Sin embargo, en el presente, la mayoría de las personas han perdido esa costumbre y dependen de comidas rápidas o productos procesados, lo que ha generado efectos negativos en la salud de grandes segmentos de la población.
Diego explicó que el acelerado ritmo laboral también influye en esta situación. En el pasado, a las personas se les concedía una hora de descanso para almorzar, lo que les permitía regresar a su hogar o consumir alimentos más saludables. Hoy, la dinámica ha cambiado: la presión del trabajo obliga a muchos a alimentarse con productos industrializados. Aunque estos alimentos contienen elementos nutritivos, también están cargados de altas cantidades de calorías, grasas saturadas y aditivos, lo que, inevitablemente, contribuye al aumento del peso corporal y a un deterioro progresivo de la salud metabólica.
El especialista añadió que, además de la mala alimentación, existe otro factor igual de dañino: el sedentarismo extremo. Indicó que una gran parte de la población pasa “horas y horas sentada sin moverse para nada”, y que esta inactividad prolongada constituye un peligro latente. La falta de movimiento deteriora el metabolismo, disminuye la capacidad cardiovascular y abre paso a enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión y los trastornos articulares. Para Diego, este comportamiento sedentario se ha vuelto una normalidad silenciosa que agrava la epidemia de obesidad en todo el mundo.
A modo de comparación internacional, Diego explicó que incluso en los países de mayor desarrollo económico, la minoría de la población realiza ejercicio regular. A su juicio, esto es “gravísimo”, porque refleja una tendencia global en la que la tecnología y la comodidad han sustituido la actividad física. Puso como ejemplo a los Estados Unidos, donde la velocidad del estilo de vida es “increíble”, pero aun así, la población dedica muy poco tiempo a moverse o ejercitarse. Esta contradicción —una vida acelerada y a la vez físicamente inactiva— es una de las grandes paradojas de la época moderna.
Haciendo referencia a estudios recientes, Diego comentó que en comunidades de bajos recursos, especialmente entre latinos y afroamericanos en Estados Unidos, el problema de la obesidad es aún más marcado. Señaló que muchos miembros de estas comunidades cenan alrededor de las seis de la tarde y luego pasan el resto de la noche viendo televisión sin realizar ninguna actividad física. Esta rutina se repite día tras día, creando un círculo vicioso que conduce a la obesidad mórbida. Según los datos analizados, gran parte de estas personas vive atrapada en un estilo de vida que no favorece la salud ni el bienestar.
El endocrinólogo explicó que la obesidad mórbida comienza cuando una persona sobrepasa el 40 o 45% de la capacidad metabólica de su organismo, lo que se traduce en un peso excesivamente elevado para su estatura y estructura corporal. Añadió que este trastorno es especialmente frecuente en países ricos, donde la ingesta calórica es demasiado alta y los patrones alimenticios están basados en productos procesados, bebidas azucaradas y horarios irregulares. Afirmó que, según ciertos estudios, alrededor del 70% de la población en algunas naciones presenta obesidad o sobrepeso, cifras que él calificó como preocupantes para la salud pública mundial.
Finalmente, Diego concluyó señalando que este elevado índice de sobrepeso no solo representa un problema físico, sino también emocional y psicológico. Afirmó que las personas viven en un constante estado de angustia debido al bombardeo de informaciones negativas, recomendaciones contradictorias y patrones de consumo que los empujan hacia hábitos poco saludables. La obesidad, dijo, no es solo un problema individual, sino social, cultural y económico, que requiere educación, cambios en el estilo de vida y políticas públicas que fomenten una cultura de alimentación consciente y actividad física regular para recuperar la calidad de vida perdida.

