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Doña Elsilia Minaya y sus viajes al campo  “La vega”

SANTO DOMINGO ESTE

Por Roberto Veras.

Doña Elsilia Minaya, llevaba a su nieto Robert de la ciudad al campo cada año durante las vacaciones escolares, pero además también lo hacía para visitar a Lucia, su hija mayor. Elsilia era consciente de la importancia de que Robert también experimentara la vida en el campo y tuviera la oportunidad de conocer diferentes lugares.

La escena comienza con Doña Elsilia y Robert abordando un vehículo “Chevrolet” de los años 60 que los lleva desde el bullicioso barrio de Los Mina en Santo Domingo hasta el  tranquilo campo de Cabirmota en La vega. El viaje era emocionante para Robert, quien observa como los altos edificios y calles llenas de gente se transforman en verdes paisajes rurales.

Una vez en el campo, Elsilia y Robert disfrutában de momentos especiales junto a Mom, mi primo hermano, en los baños en el río. Después de un día de trabajo cuidando las vacas y realizando diversas tareas, llegaba el momento de relajarse y refrescarse en las aguas cristalinas del río Jimayaco.

En una parte del río con una playa de arena rodeada de árboles frondosos,  nos reuníamos con los hijos de Roque y  Eliza “Pen, Ñeco y Tero” y pocas veces los dos más pequeños Bartolo y Eddy, todos juntos encontrábamos el lugar ideal para disfrutar de los baños. Robert y Mom se quitaban los zapatos y las medias, dejando que la frescura del agua acariciara sus cuerpecitos. Con risas y alegría, se  adentrában en el río, sintiendo cómo el agua refrescante los envolvía.

Los baños en el rio eran tan placentero que muchas veces se les olvidaba que andában con las vacas, la tarea era llevarlas al rio para que tomaran agua, lamentablemente las vacas a veces aprovechaban la ausencia de vigilancia para entrar en parcelas ajenas y comer las plantas y cultivos como las yerbas.

A pesar de los esfuerzos de Doña Elsilia de que no dejaran las vacas solas, Maximiliano, cariñosamente “Marzo” el esposo de Lucía, hija de Elsilia,  no tomaba medidas para castigar a los niños y así evitar que las vacas se salieran de control cuando quedaban solas.

Esta situación generaba preocupación y malestar, ya que era importante respetar las propiedades de los demás y cuidar de los cultivos de los vecinos. Sin embargo, a pesar de la falta de acción por parte del esposo de Lucía, Doña Elsilia intentaba tomar medidas para evitar que las vacas causaran daños.

Cuando se daban cuenta de que las vacas habían entrado en parcelas ajenas, Robert y Mom hacían todo lo posible por reunir a las vacas y guiarlas de regreso a su propio terreno, en especial a “Negrita», que era la vaca mañosa del ganado, junto a Roquito, un buey que la abuela le había comprado a Roque el esposo de eliza, una vecina de Lucía”.  Con paciencia y esfuerzo, intentaban minimizar los daños y evitar conflictos con los vecinos.

A pesar de las dificultades ocasionales, Doña Elsilia aprovechaba estas situaciones para enseñarle a Robert y a Mom sobre la importancia de ser responsables con los animales y respetar los derechos y propiedades de los demás. Les recordaba la necesidad de estar atentos y cuidar de las vacas de manera adecuada, para evitar que causaran daños y mantener una buena relación con los vecinos.

En última instancia, estas situaciones difíciles también eran oportunidades para aprender y crecer, fortaleciendo el vínculo entre Doña Elsilia, Robert y Mom, y cultivando una mayor conciencia sobre la importancia de la responsabilidad y el respeto tanto hacia los animales como hacia la propiedad de los demás.

Doña Elsilia, la abuela de Robert, era en esa época una mujer mayor de cabellos canosos y ondas alrededor de su rostro arrugado, reflejando la sabiduría y la calma que la caracterizaban. Sus ojos brillantes y mirada profunda, reflejan su amor incondicional por sus nietos y su conexión con la naturaleza.

Al final de las vacaciones, Doña Elsilia y Robert regresan a la ciudad, llevando consigo recuerdos valiosos de su tiempo juntos. La experiencia ha ampliado los horizontes de Robert, permitiéndole apreciar tanto la calma y la serenidad del campo como la emoción y la diversidad de la ciudad, a pesar de que Elsilia no era una mujer letrada, su madre la vieja Anita  no la enviaba a la escuela por temor a que fuera víctima de Petán,  siempre les decía a su nieto Robert “mi jijo la única forma de salir de la pobreza son los etudeo».

En cada nuevo verano, Doña Elsilia continúaba llevando a su nieto de la ciudad al campo, creando recuerdos inolvidables y enseñándole importantes lecciones sobre el mundo que les rodea, regresaban a casa, con la piel brillante y los corazones llenos de felicidad. Guardaban en sus memorias esos momentos de conexión con la naturaleza y de unión familiar, anhelando el próximo verano en el campo, donde podrían repetir esas experiencias vividas.

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