El Che contra el sistema: ruptura con la Unión Soviética, fracaso en África y su trágico final en Bolivia
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Ernesto Guevara, conocido mundialmente como el Che, fue una de las figuras más influyentes de los movimientos revolucionarios del siglo XX, pero también uno de los más críticos dentro del propio bloque socialista. Sus diferencias estratégicas con la Unión Soviética marcaron un punto de quiebre en su pensamiento político, ya que consideraba que el modelo soviético se estaba alejando del verdadero espíritu revolucionario.
El Che sostenía una visión más radical de la revolución mundial, promoviendo la expansión activa de movimientos guerrilleros en distintas regiones del mundo. A diferencia de la postura más pragmática de la Unión Soviética, que favorecía la coexistencia pacífica con Occidente en determinados contextos, Guevara apostaba por la confrontación directa contra el imperialismo.
Sus críticas también se centraron en el modelo económico soviético, al que consideraba excesivamente burocrático y alejado de los ideales de igualdad. Guevara defendía la creación de un “hombre nuevo”, motivado por valores morales y no por incentivos materiales, lo que lo distanciaba aún más de las políticas económicas impulsadas desde Moscú.
Cansado de la burocracia y de los cargos administrativos que ocupaba en Cuba, el Che dejó claro que su vocación no era la de funcionario, sino la de combatiente. En 1965 decidió abandonar la isla para llevar la revolución a otros territorios, convencido de que su papel debía desarrollarse en el terreno de lucha.
Ese mismo año partió hacia África, específicamente al Congo, donde intentó dirigir un movimiento revolucionario. Sin embargo, esta experiencia resultó un fracaso debido a múltiples factores, entre ellos la falta de organización de las fuerzas locales, diferencias culturales y la escasa disciplina militar.
Tras este revés en África, Guevara regresó temporalmente a Cuba, donde analizó sus errores y reafirmó su convicción de que la lucha armada seguía siendo el camino para transformar las estructuras de poder en América Latina.
Lejos de abandonar sus ideales, el Che intensificó su compromiso con la expansión de la revolución. Su siguiente destino sería Bolivia, país que consideraba estratégico para irradiar movimientos insurgentes hacia otras naciones de la región.
En 1966 llegó a territorio boliviano con la intención de organizar una guerrilla rural que sirviera como foco revolucionario continental. No obstante, la falta de apoyo campesino, la escasa conexión con las realidades locales y la eficaz respuesta del ejército complicaron seriamente sus planes.
Durante su campaña en Bolivia, Guevara enfrentó no solo al ejército de ese país, sino también la colaboración de agencias internacionales como la CIA, que brindaron apoyo logístico y de inteligencia a las fuerzas que buscaban neutralizar la insurgencia.
Finalmente, en 1967, Ernesto Guevara fue capturado en la región de La Higuera y posteriormente ejecutado. Su muerte marcó el fin de su proyecto guerrillero en Bolivia, pero consolidó su figura como un símbolo global de lucha revolucionaria, admirado por unos y cuestionado por otros.

