¡El contrato de la Barrick Gold huele a negocio turbio y urge revisarlo ya!
Por Juan José Encarnación
SANTO DOMINGO, RD.-
La ley del embudo: lo ancho para la Barrick Gold y lo estrecho para uno. Así se percibe cuando las reglas se escriben para favorecer a unos pocos y dejar al resto con las sobras. No es casualidad que en boca de muchos ciudadanos suene a burla la manera en que se reparten contratos y prebendas mientras la gente de a pie paga las consecuencias.
Hablan de un “negocio del capa perro” que deja fuera la transparencia y la ética: contratos firmados a puerta cerrada, cláusulas que nadie discute y desembolsos que terminan siendo un misterio. Cuando el poder económico y el político se entrelazan así, la sociedad pierde: el que tiene voz la usa para tapar dudas; el que no la tiene solo recibe migajas.
Se acusa que el señor Leonel Fernández entregó un contrato a la Barrick Gold, y que dentro de ese acuerdo hay cláusulas que terminan cargando al Estado con la factura de reubicaciones y daños. Son denuncias que deben investigarse a fondo, porque si se confirma que la población desplazada paga el precio de un negocio privado, estaremos ante una grave injusticia.
En el caso de la supuesta reubicación por la nueva presa —el Naranjo en Cotuí— surgen cifras que no cuadran: se habla de 320 millones de dólares entregados y de una exigencia de pago de 340 millones para “evitar problemas”. ¿En qué estamos? Cuando los números no coinciden y nadie da explicaciones, la gente legítimamente sospecha que le están metiendo gatos por liebre.
No se trata solo de dinero; se trata de dignidad. Reubicar familias, garantizarles vivienda, servicios y reparación justa no puede ser moneda de cambio para resolver intereses empresariales. Si el Estado termina pagando más por complacer comprometidos acuerdos que por proteger a su gente, entonces la prioridad está mal puesta.
Exigimos claridad: que se publiquen los contratos, que se expliquen las partidas, que aparezcan las facturas y los responsables. La transparencia no es un capricho técnico: es el remedio para que la sociedad deje de creer que todo se hace a la sombra y que hay “amiguitos” que siempre se benefician. Además, ese contrato debe revisarse a profundidad, porque ningún acuerdo firmado en perjuicio del pueblo puede quedar intacto.
Basta ya de doble moral: lo ancho para la Barrick Gold y lo estrecho para el pueblo no puede seguir siendo el principio rector. Que la justicia investigue y que ese contrato se someta a revisión inmediata, de cara al país, para corregir lo que esté mal. La gente merece respuestas, no excusas ni disfraces.

