La democracia dominicana y los retos de la libertad de prensa frente al libertinaje
Por Juan José Encarnación
SANTO DOMINGO, RD.-
La prensa internacional atraviesa actualmente un momento de gran dificultad. En diferentes partes del mundo los periodistas enfrentan persecuciones, censuras y presiones que limitan su capacidad de informar libremente. Casos evidentes se observan en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, donde las restricciones a la libertad de expresión son cada vez más severas, y en naciones como Rusia e Irán, donde el control gubernamental sobre los medios es férreo y constante. Esta situación ha generado preocupación en organismos internacionales y defensores de derechos humanos, quienes ven en este panorama una seria amenaza a la democracia global.
Incluso en Estados Unidos, país considerado históricamente como un bastión de la libertad de prensa, se han registrado episodios preocupantes. Durante la presidencia de Donald Trump, hubo un fuerte enfrentamiento con medios de comunicación críticos, lo que dio lugar a demandas, intentos de retirar programas e incluso amenazas de quitar licencias a canales tradicionales. Estos hechos pusieron en evidencia que la libertad de prensa no está completamente garantizada ni siquiera en sociedades avanzadas, ya que siempre existen tensiones entre el poder político y los medios de comunicación.
En contraste, en la República Dominicana se vive una experiencia distinta. Aquí, los comunicadores tienen un margen amplio para expresarse, y aunque muchos de ellos recurren a estilos agresivos o poco respetuosos, a veces convertidos en verdaderos sicarios mediáticos o en “gallaretas amaestradas” que insultan y amenazan, lo cierto es que el Estado no persigue ni sanciona esas prácticas. Este contexto demuestra que existe un espacio de tolerancia y pluralidad, donde el ejercicio periodístico no se ve reprimido por parte del gobierno, lo cual es un signo positivo en comparación con lo que ocurre en otros países.
Sin embargo, el hecho de que en la República Dominicana se permita un amplio ejercicio de la libertad de prensa no significa que se pueda confundir democracia con libertinaje. La diferencia entre ambas es esencial: la democracia garantiza derechos, pero también impone deberes y responsabilidades. El uso irresponsable de los medios de comunicación para insultar, manipular o desinformar no fortalece la democracia, sino que la debilita. De ahí que la reflexión sea necesaria: libertad sí, pero con ética, respeto y compromiso con la verdad.
Durante la semanal, el presidente dominicano reiteró con firmeza su compromiso con la democracia, reafirmando que en el país se respeta la pluralidad de opiniones y el derecho a disentir. Lo hizo con un estilo cercano y directo, demostrando que no teme responder preguntas ni enfrentar la crítica, en un escenario donde la transparencia resulta fundamental. Su posición ha sido vista como una defensa clara de la institucionalidad democrática y una invitación a ejercer la libertad de prensa con responsabilidad.
Por todo ello, se puede afirmar que la República Dominicana cuenta con un presidente auténticamente democrático, en un momento donde otros países viven serios retrocesos en materia de derechos y libertades. La frase que sintetiza este escenario es clara: “¡Viva la democracia dominicana, abajo el libertinaje!”. Porque la verdadera fortaleza de un sistema democrático no radica en permitir excesos destructivos, sino en garantizar un equilibrio justo donde la libertad se ejerza con responsabilidad y se preserve siempre el respeto por la verdad y la convivencia ciudadana.

