La desaparición de las empresas estatales y el impacto de las privatizaciones en la economía dominicana
Por Juan José Encarnación
SANTO DOMINGO, RD.-
Tras la muerte de Rafael Leónidas Trujillo, las empresas que habían sido creadas y controladas durante su régimen pasaron a manos del Estado dominicano. Aquellas industrias representaban una parte importante del aparato productivo nacional y constituían una base económica que generaba empleos, divisas y desarrollo técnico. Sin embargo, con el paso de los años, muchos gobiernos enfrentaron dificultades para administrar esas empresas debido a la falta de capacidad gerencial y administrativa, provocando que poco a poco comenzaran a deteriorarse y perder competitividad.
Durante décadas, numerosas empresas estatales fueron disminuyendo su producción y capacidad operativa. El Estado dominicano no logró mantener el mismo nivel de organización industrial que existía en aquellos años, y muchas factorías comenzaron a convertirse en una carga financiera para los gobiernos. La ausencia de planificación estratégica y la falta de inversión tecnológica contribuyeron al debilitamiento de industrias que anteriormente habían sido símbolos de productividad y autosuficiencia nacional.
Posteriormente, en el gobierno de Leonel Fernández, se impulsó el proceso de privatización de muchas empresas estatales. Esa política estuvo vinculada al modelo neoliberal que se expandió por América Latina luego de los cambios políticos y económicos ocurridos tras el derrumbe del bloque socialista y la caída del Muro de Berlín. La tendencia internacional promovía que los Estados redujeran su participación empresarial y transfirieran activos públicos al sector privado bajo la idea de modernizar la economía y hacer más eficientes las operaciones productivas.
Sin embargo, muchos sectores consideran que esas privatizaciones no favorecieron plenamente el desarrollo económico nacional. Se argumenta que numerosas empresas fueron vendidas a precios muy bajos y que algunos grupos económicos terminaron obteniendo grandes beneficios con activos que originalmente pertenecían al pueblo dominicano. También existe la percepción de que ciertas industrias fueron llevadas intencionalmente al deterioro para justificar su posterior venta o liquidación.
De haberse mantenido funcionando adecuadamente, esas empresas habrían continuado generando miles de empleos productivos y técnicos para la población dominicana. Además, el propio Estado habría sido un cliente importante de esas industrias, demandando materiales y servicios para obras públicas, infraestructura y abastecimiento nacional. Empresas como las fábricas de cemento, metalúrgicas y otras industrias básicas podían suplir una parte importante de las necesidades del país y contribuir a disminuir importaciones.
Otro aspecto relevante era la formación técnica de los trabajadores. Existían escuelas de artes y oficios destinadas a preparar personal capacitado para trabajar en esas empresas estatales. Ese modelo ayudaba a crear mano de obra calificada y fortalecía el desarrollo industrial. Muchos entienden que con la desaparición de esas industrias también se perdió una oportunidad de mantener una economía más productiva y menos dependiente del endeudamiento externo y de las importaciones.
Quienes defienden esa etapa industrial consideran que la República Dominicana llegó a ser uno de los países más industrializados de América Latina durante el régimen de Trujillo. Señalan que otros dictadores latinoamericanos no lograron desarrollar un aparato productivo de esa magnitud. Aunque reconocen los abusos, crímenes y violaciones cometidas durante la dictadura, también destacan la capacidad que tuvo el régimen para impulsar industrias, generar empleos y crear infraestructuras económicas que posteriormente no fueron aprovechadas plenamente por los gobiernos democráticos.
Finalmente, existe la idea de que las empresas estatales no necesariamente tienen que quebrar si cuentan con una administración eficiente y con el respaldo del propio Estado como principal consumidor. Muchos consideran que, si esas industrias se hubieran modernizado y mantenido activas, hoy la República Dominicana tendría una economía más fuerte, con mayor capacidad exportadora hacia Estados Unidos y las islas del Caribe, menos dependencia de préstamos internacionales y una estructura productiva capaz de generar mayores beneficios para el desarrollo nacional.

