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La espada y la venda: justicia para todos o para algunos

 

Por Juan Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

En el antiguo símbolo de la justicia, dos elementos llaman poderosamente la atención: la espada y la venda. La espada alzada no es un adorno, es la expresión del poder legítimo, de la fuerza del Estado para hacer cumplir sus decisiones.

La venda, en cambio, cubre los ojos de la dama, no por debilidad, sino para recordarnos que la verdadera justicia no mira nombres, rostros, ni rangos: juzga con imparcialidad, con objetividad, sin dejarse seducir por favoritismos ni presiones.

Pero, ¿qué ocurre cuando esa espada se empuña solo contra algunos, mientras la venda se corre para ver a otros y dejarlos pasar? Entonces ya no hablamos de justicia, sino de conveniencia. Una justicia que se aplica selectivamente deja de ser justicia para convertirse en instrumento de poder, en arma de retaliación o escudo de impunidad.

Llevar al hermano Mirabel a juicio mientras se hace la vista gorda con el hermano Donastord —que a todas luces tiene hechos más que cuestionables a cuestas— no es coherente con los principios que juramos defender.

¿Cuál es el mensaje que estamos enviando? ¿Que la ley es fuerte contra los débiles y débil contra los fuertes? ¿Que quien goza de padrinazgos puede dormir tranquilo, aunque tenga cuentas pendientes?

La justicia no puede usarse como un látigo selectivo ni como una herramienta para proteger a los amigos del poder. De lo contrario, no solo se pierde la fe en las instituciones, sino que se erosiona el alma misma de nuestra fraternidad.

Yo no acuso, simplemente expongo. Que cada lector, que cada delegado, saque sus propias conclusiones. Pero una cosa sí les digo: cuando la venda cae y la espada solo apunta en una dirección, estamos muy lejos de la justicia… y más cerca de la injusticia maquillada.

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