La oposición no debe ser cada cuatro años
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En Santo Domingo Este, el ejercicio de la oposición política se ha convertido, lamentablemente, en un arte practicado solo en temporadas electorales. Esta realidad no solo hiere la esencia de la democracia municipal, sino que también debilita la vigilancia ciudadana, un aspecto fundamental en cualquier sistema democrático.
En este momento, observamos una creciente polarización entre el alcalde y un diputado miembro del partido Fuerza del Pueblo, quien ha decidido alzar la voz para denunciar supuestos manejos irregulares en la distribución de los recursos públicos. Este dipuatado se ha convertido en la excepción en un panorama donde la mayoría prefiere el silencio.
A pesar de los riesgos que enfrenta, incluyendo posibles represalias políticas, ha decidido asumir la responsabilidad de señalar lo que considera mala prácticas administrativas. Su valentía es digna de reconocimiento en un entorno donde el miedo a represalias silencia a muchos.
Mientras tanto, otros actores políticos, incluidos excandidatos a cargos municipales, optan por un silencio cómplice. Según fuentes cercanas a estos excandidatos, su estrategia se basa en esperar el «momento electoral» para actuar.
Esta visión cortoplacista los lleva a creer que hacer oposición ahora sería «gastar una fortuna» en esfuerzos que, en su opinión, no les redituarían en votos inmediatos. Sin embargo, este razonamiento no solo es mezquino, sino que también demuestra una falta de compromiso con los principios democráticos que deberían guiar su actuar.
Ser político de oposición no es un oficio estacional ni un negocio de conveniencia; es una vocación que debe ejercerse todos los días. Implica defender el bienestar común y fiscalizar el uso correcto de los fondos públicos, independientemente de la cercanía de las elecciones.
La política no debe ser un espectáculo que se represente solo cuando se avecinan las urnas. La verdadera oposición es aquella que actúa con valentía, asumiendo riesgos por el bien colectivo, incluso cuando no hay elecciones a la vista.
Los munícipes de Santo Domingo Este, aunque puedan parecer silenciosos, no son indiferentes. Están atentos, observando quiénes son los que verdaderamente hacen política a tiempo completo y quiénes solo aparecen con promesas vacías cuando suenan los tambores electorales. La ciudadanía tiene el poder de discernir entre aquellos que han estado presentes en las luchas cotidianas y los que solo llegan para tomarse la foto de campaña.
Además, es vital que la oposición en Santo Domingo Este se reconozca no solo como un contrapeso al poder, sino como un actor fundamental en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. La crítica constructiva, el cuestionamiento y la denuncia de irregularidades son herramientas esenciales en el arsenal de cualquier partido que aspire a ser considerado una verdadera alternativa.
Al final, los ciudadanos sabrán distinguir entre quienes estuvieron siempre y quienes solo llegaron para captar votos. La responsabilidad de los actores políticos es, por tanto, establecer un compromiso genuino con la ciudadanía, uno que trascienda el ciclo electoral y se manifieste en acciones concretas de vigilancia y denuncia.
Solo así podremos aspirar a una democracia robusta, donde la oposición no sea un recurso electoral, sino una práctica constante y necesaria en la vida política de Santo Domingo Este.
El silencio de los excandidatos en la democracia local puede acarrear diversas consecuencias negativas, tanto para el sistema democrático en sí como para la ciudadanía. Detallamos algunas de estas posibles repercusiones:
- Desconfianza ciudadana: La falta de oposición activa puede generar desconfianza en los ciudadanos hacia los actores políticos. Cuando los excandidatos optan por el silencio en lugar de cuestionar y fiscalizar al gobierno local, los ciudadanos pueden sentir que no tienen representantes que defiendan sus intereses, lo que puede llevar a una mayor apatía política y desinterés en el proceso democrático.
- Consolidación del poder: El silencio de la oposición puede permitir que el gobierno local actúe sin control, facilitando el abuso de poder y la implementación de políticas que no benefician a la comunidad. Sin un contrapeso efectivo, los líderes pueden sentirse autorizados a tomar decisiones sin rendir cuentas, lo que puede resultar en corrupción y mal manejo de los recursos públicos.
- Falta de representación: Los excandidatos que no se pronuncian sobre los problemas locales o las irregularidades en la gestión pública dejan un vacío en la representación de las diversas voces y preocupaciones de la comunidad. Esto puede llevar a que ciertas necesidades y demandas de la población no sean atendidas, perpetuando desigualdades y tensiones sociales.
- Normalización de la impunidad: Si los excandidatos optan por no denunciar irregularidades, se puede crear un entorno en el que la impunidad se normalice. Esto puede alentar a otros funcionarios a actuar de manera poco ética, sabiendo que no enfrentarán consecuencias o críticas significativas por sus acciones.
- Desmotivación de la ciudadanía activa: La inacción de los líderes políticos puede desalentar la participación ciudadana. Si los ciudadanos perciben que sus representantes no están dispuestos a actuar en defensa de sus derechos, es menos probable que se involucren en actividades cívicas, lo que puede llevar a una disminución en la participación electoral y en otras formas de activismo.
- Polarización social: La ausencia de una oposición fuerte y activa puede provocar una polarización aún mayor en la sociedad. Cuando solo se escuchan las voces del oficialismo, los ciudadanos pueden dividirse en grupos opuestos: aquellos que apoyan al gobierno y aquellos que se sienten marginados. Esto puede generar tensiones y conflictos en la comunidad.
- Deterioro de la cultura democrática: La democracia se nutre del debate, la crítica y la participación activa. El silencio de los excandidatos puede contribuir a una cultura política donde la oposición se percibe como innecesaria o peligrosa, debilitando así los fundamentos democráticos y la capacidad de la sociedad para autocriticarse y mejorar.
En resumen, el silencio de los excandidatos tiene el potencial de socavar la democracia local de múltiples maneras. La falta de oposición activa no solo desmejora la calidad del gobierno, sino que también afecta la relación entre los ciudadanos y sus representantes, debilitando así los principios fundamentales de la democracia participativa.

