Reflexiones tras 40 años: el discurso inmutable de la izquierda latinoamericana
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Hacía más de 40 años que no asistía a una actividad vinculada al sistema de izquierda. Sin embargo, por mediación de un amigo, participé recientemente en un acto conmemorativo por el 46 aniversario del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), partido político nicaragüense que lideró la Revolución Sandinista y derrocó la dictadura de Anastasio Somoza Debayle en 1979.
Mi presencia fue más que nada una oportunidad para observar cómo han evolucionado sus ideas. Pero con sorpresa comprobé que el discurso no ha cambiado en absoluto. Aún se culpa al “bloqueo económico” impuesto por Estados Unidos de todos los males, del estancamiento, de la pobreza, del atraso. Es un guion repetido, sin matices, y muy similar al que escuchamos en Venezuela y Cuba.

Durante la actividad, hubo dos momentos que me tocaron profundamente: cuando se interpretaron las canciones “Rabo de Nube” y “La Muralla”, dos himnos que marcaron mis breves días en la izquierda. Al escucharlas, me invadió una mezcla de nostalgia y conciencia.
Recordé aquellos tiempos de supuesta lucha por los pueblos, tiempos que, hoy lo entiendo, estuvieron cargados de grandes engaños y muchas verdades a medias. Eran años de consignas apasionadas, de ideales prestados, de una juventud deseosa de justicia, pero manipulada por discursos que nunca quisieron evolucionar.

Sin embargo, uno se pregunta: si estos regímenes se autodenominan socialistas, populares, basados en el poder obrero y en la distribución equitativa de la riqueza… ¿por qué los pueblos que los padecen siguen sumidos en la precariedad? ¿Por qué, después de décadas de control estatal, los servicios básicos siguen siendo ineficientes, la educación estancada y el desarrollo prácticamente inexistente?
Los mismos que levantan la bandera de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, usan como excusa permanente la injerencia extranjera. No pueden ni quieren presentar cifras claras de avance real. El tiempo se les agota, pero el guion sigue siendo el mismo: la culpa es siempre del imperialismo.

Agradezco profundamente que en mi República Dominicana no se haya instaurado este tipo de sistema. Nuestro país, pese a sus retos y contradicciones, ha avanzado significativamente en todos los ámbitos económicos y sociales. Se han creado espacios de participación, de desarrollo, de inversión. Se han abierto caminos para el progreso individual y colectivo.
Lo vivido en esta actividad del FSLN no fue una revelación, sino una confirmación: cuando una ideología se convierte en dogma, pierde conexión con la realidad del pueblo. Y el pueblo, tarde o temprano, lo resiente. La historia no se detiene, aunque algunos insistan en congelarla en discursos de hace medio siglo.

