El silencio que ha dejado el derrumbe del techo de la discoteca Jet Set
Por Redacción SDE Digital
SANTO DOMINGO, RD.-
La madrugada del martes 8 de abril quedará grabada con luto en la memoria del pueblo dominicano. El derrumbe del techo de la emblemática discoteca Jet Set —una joya de la vida nocturna capitalina— ha cobrado la vida de 44 personas hasta el momento, y el número podría aumentar. En medio del escombro, la música quedó silenciada. No hay ritmo que alegre este día. Solo el sonido sordo del dolor colectivo.
Entre los desaparecidos, nombres que resuenan en distintas esferas del país: Alexandra Grullón, Eduardo Estrella hijo, Neftalí Feliz y su esposa, y Lourdes Herrera, asistente del presidente Luis Abinader. No se trata de figuras públicas solamente; son vidas, familias, futuros truncados. Son abrazos que ya no llegarán a casa.
Jet Set no era solo un centro de entretenimiento, era un lugar donde generaciones enteras bailaron, celebraron y se enamoraron. Su caída física representa también un derrumbe simbólico: el de la confianza en nuestras estructuras, en nuestras inspecciones, en los sistemas que deberían prevenir lo impensable.
Las preguntas son inevitables y urgentes: ¿Cómo un edificio de esa magnitud colapsa de esa manera? ¿Dónde estaban los controles, las alertas, las señales? ¿Hubo negligencia, abandono, indiferencia?
El país necesita respuestas. Pero, aún más que eso, necesita verdad y responsabilidad. Porque detrás de cada nombre en la lista de víctimas hay una madre, un padre, un hijo esperando, llorando, preguntándose cómo fue posible.
En esta tragedia nacional no caben las excusas ni los discursos vacíos. Es tiempo de investigar con rigor, de actuar con dignidad y de recordar que los lugares que nos dan alegría también merecen seguridad. Porque ninguna fiesta vale más que una vida. Porque el dolor de hoy no puede repetirse mañana.
Y mientras tanto, mientras los escombros siguen siendo removidos y las oraciones no cesan, el país entero guarda silencio. Un silencio que pesa. Un silencio que duele. Un silencio que exige justicia.

